Rubalcaba estuvo mejor en la forma y en la oratoria: rápido en el debate corto y en las enganchadas con Rajoy, aunque tedioso en algunas de las intervenciones largas, excesivamente didácticas y a veces deshilachadas. Cumplió con la estrategia prevista: salir a atacar, sabiendo que el debate de hoy era su única oportunidad para darle algo de aire una campaña asfixiada. Es dudoso que lo consiga, la distancia en las encuestas es abisal: el PSOE está hundido. Probablemente Rajoy no perdió ayer ni uno solo de sus votos y está por ver que el debate consiga despertar a ese electorado socialista que hoy duda cuando aún faltan tantos días para el 20-N. Pero el entrevistador Rubalcaba consiguió dejar clara una cosa: que era el único político de la mesa que se había leído el programa electoral del PP, hasta los pies de página. Al menos se lo sabía mejor que el propio Rajoy, que debe de estar esperando a la película.
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