02 noviembre 2022

La fascinante aventura de la vida de Juan José Benítez

 


Salinas Tv tiene el privilegio de presentaros un encuentro con el periodista y escritor Juan José Benítez.

Un recorrido por su infancia, sus primeras experiencias mágicas, su trayectoria vital, sus sentimientos y emociones, sus dudas y certezas y mucho más como el universo de sus investigaciones.

"Cuando abro una puerta me encuentro otras siete puertas" comenta Benítez. Y eso nos ha pasado desde el Canal. Decenas y decenas de temas y matices de su vida quedan pendientes para futuros momentos. No obstante, con este vídeo comprobarás que estamos ante un ser humano único y muy especial y que está cumpliendo su propósito existencial con creces. Disfruta de su fascinante aventura de la vida pues no deja de ser un reflejo de la de cada uno de nosotros en esta extraña obra de teatro que es la vida.
¡¡LEHAIM!!


05 octubre 2022

Estados Unidos declara la guerra abiertamente a Europa. Si la élite de Bruselas trabaja al servicio del sionismo anglosajón, ¿quién va a reaccionar a tal ataque y romper la baraja de una vez por todas? O Europa se enfrenta a su aliado/enemigo o cava su tumba definitivamente

 

Estados Unidos declara la guerra a Rusia, ‎Alemania, Países Bajos y a Francia

Mientras la prensa internacional aborda el sabotaje contra los gasoductos ‎‎Nord Stream y Nord Stream 2 como una especie de “crónica roja”, aquí ‎lo analizamos como un acto de guerra contra Alemania en particular y contra la Unión ‎Europea en general. ¿Por qué? Porque los países de Europa occidental acaban de ‎perder súbitamente las 3 vías que tenían para aprovisionarse con gas mientras que, ‎‎¿casualmente?, acaba de inaugurarse un gasoducto que va a Polonia. ‎

En su momento, el recientemente fallecido Mijaíl Gorbatchov vio la catástrofe de ‎Chernobil como indicio de la inevitable disolución de la URSS. Desde Red Voltaire ‎vemos el sabotaje contra los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 como ‎el inicio de la caída económica de la Unión Europea.‎


Imagen satelital rusa de uno de los puntos de salida a la superficie del gas proveniente de los ‎Nord Stream saboteados.‎

La lucha de Estados Unidos por mantener su hegemonía mundial ha pasado a su tercera etapa.
 Debido a la extensión de la OTAN hacia el este, lo cual viola el compromiso contraído ‎por Occidente de abstenerse de desplegar armamento estadounidense en Europa Central, Rusia, obligada a garantizar la defensa de sus extensas fronteras, se ve directamente amenazada.
 En violación de los compromisos contraídos al término de la Segunda Guerra Mundial, ‎Washington instaló en Kiev el actual régimen de los «nacionalistas integristas» (simplemente ‎‎«nazis» en la terminología del Kremlin). Los «nacionalistas integristas» prohibieron a sus ‎compatriotas rusoparlantes hablar su lengua materna –el ruso–, los privaron de servicios ‎públicos y finalmente bombardearon sin descanso a los del Donbass. Al cabo de 8 años de ‎matanza, Rusia ya no tuvo otra opción que iniciar una intervención militar para poner fin al ‎calvario de las poblaciones rusoparlantes.
 La tercera fase de la intervención silenciosa de Estados Unidos es la imposición de un cambio en ‎el aprovisionamiento energético a todos los países de Europa Occidental y de Europa Central. ‎Precisamente el mismo día de la puesta en marcha del gasoducto del Báltico (Baltic Pipe), los ‎dos gasoductos Nord Stream fueron puestos fuera de servicio mediante sabotajes realizados ‎con explosivos… y también se interrumpió el mantenimiento técnico del Turkish Stream.‎

La voladura parcial de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 es el mayor acto de ‎sabotaje de toda la Historia. Y es un acto de guerra contra Rusia pero también contra Alemania ‎por ser estos los países copropietarios (51% Rusia y 30% Alemania) que más recursos invirtieron en ‎esas infraestructuras de colosal envergadura. Pero es también un acto de guerra contra los demás ‎socios, que son Países Bajos (9%) y Francia (9%). Sin embargo, los Estados occidentales ‎perjudicados que acabamos de mencionar guardan silencio. ‎

Para realizar los atentados contra los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 fue ‎probablemente necesario el despliegue de submarinos en las zonas ya identificadas por las ‎potencias de la región. Oficialmente no hay indicios, en el sentido “policial” de la expresión, pero ‎las “cámaras de vigilancia” (en este caso los dispositivos de sonar) ya “hablaron”. Los Estados ‎interesados saben con certeza quién es el culpable. Si no reaccionan, serán borrados del mapa, ‎políticamente hablando. Pero también es posible que estén preparando en secreto algún tipo de ‎reacción, que los convertiría en verdaderos actores políticos… cuando se decidan a concretarla. ‎

Los franceses deben recordar la intentona de golpe de Estado militar que estremeció Francia ‎en 1961 y los subsiguientes intentos de asesinato contra el presidente Charles de Gaulle. ‎El propio De Gaulle fingió creer que los atentados contra su vida eran cosa de la OAS ‎‎(Organización del Ejército Secreto, siglas en francés), que se componía de franceses contrarios a ‎la independencia de Argelia. Pero el ministro francés de Exteriores de la época, Maurice Couve ‎de Murville, mencionó públicamente el papel del Opus Dei español y de la CIA estadounidense ‎en la organización y financiamiento de aquellos intentos de asesinar a De Gaulle. Este último ‎ordenó entonces que se abrieran investigaciones, identificó a los traidores, reorganizó la policía ‎y el ejército franceses y, 5 años después, sacó a Francia del mando integrado de la OTAN, dio a ‎esta última 2 semanas para cerrar su sede (que estaba precisamente en París) y trasladarla a ‎Bélgica y además dio a ese bloque bélico plazos un poco más largos –pero bien definidos– para ‎concretar el cierre de las 29 bases militares que tenía en suelo francés. Posteriormente, el ‎presidente De Gaulle realizó una serie de viajes al extranjero, durante los cuales denunció ‎repetidamente la hipocresía de Estados Unidos, principalmente la guerra de Vietnam. ‎

Francia se convertió así nuevamente en una potencia faro en materia de relaciones ‎internacionales. Aquellos hechos nunca fueron explicados claramente a la opinión pública, pero todos los responsables políticos de aquella época pueden confirmarlos [1].‎

Después de la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos elaboró una redistribución del ‎mundo que modifica radicalmente las relaciones internacionales, con derrocamientos de gobiernos ‎y el inicio de guerras, para imponer determinadas rutas al transporte de recursos energéticos. ‎Esa fue la principal actividad del vicepresidente estadounidense Al Gore durante 8 años, bajo ‎la administración Clinton. Y a eso mismo se dedica hoy Amos Hochstein, como consejero especial ‎del presidente Joe Biden. Basta recordar la guerra de Transnistria –un intento estadounidense de ‎apoderarse de un nodo de gasoductos [2]– y la posterior guerra de Kosovo, para ‎construir el «Octavo Corredor», una vía de comunicación a través de los Balcanes, y ya tenemos ‎sobre la mesa las demás piezas del rompecabezas. ‎

Resulta especialmente difícil discernir a fondo la gravedad de la catástrofe que acaba de caer ‎sobre la Unión Europea y que, muy probablemente, va a causar su derrumbe económico. Esa comprensión se hace todavía más difícil porque la Unión Europea ha tomado por sí misma varias ‎de las decisiones que van a llevarla a la quiebra. ‎

Hasta el 26 de septiembre de 2022, Rusia todavía era el principal proveedor de gas de la Unión ‎Europea. El gas ruso seguía llegando a la UE por el gasoducto Brotherhood –a través ‎de Ucrania–, por el Nord Stream o por el Turkish Stream. Estados Unidos, que ‎supuestamente garantiza la seguridad de la Unión Europea, acaba de cortar esas 3 vías de ‎aprovisionamiento. El lector puede estar pensando que el gasoducto Brotherhood todavía está ‎en funcionamiento… pero Kiev puede cerrarlo o inutilizarlo en cualquier momento mientras que ‎‎Nord Stream ha sido saboteado y Turkish Stream ya no puede recibir el mantenimiento ‎técnico que necesita porque lo impiden las sanciones que la Unión Europea ha adoptado… ‎a instancias de Estados Unidos. ‎

Hace 11 años, los europeos celebraban su unión con Rusia y hablaban de ‎construir un mundo de paz y prosperidad. ‎

Hasta el 26 de septiembre, la economía de la Unión Europea se apoyaba fundamentalmente en la ‎producción de la industria alemana. Al cortar el gasoducto Nord Stream, Estados Unidos ha destruido la industria alemana. Según la célebre fórmula de Lord Ismay, quien fue el primer secretario ‎general de la OTAN, la «gran estrategia» de los anglosajones consiste en «Mantener a ‎los americanos dentro, a los rusos fuera y a los alemanes bajo tutela». ‎

El presidente estadounidense Ronald Reagan se opuso a que Francia ‎y Alemania recibieran gas ruso. Después de adoptar inútilmente sanciones contra empresas ‎de esos dos países, Reagan ordenó a William Casey, entonces director de la CIA, sabotear el ‎gasoducto Yamal en Polonia, y así se hizo.


Todas las administraciones estadounidenses han aplicado esa política ininterrumpidamente desde ‎los años 1950. Nueve países participaron en la construcción de Nord Stream y 4 son ‎propietarios de esa importante infraestructura. Nord Stream entró en funcionamiento en 2011. ‎A partir del mandato de Donald Trump, en 2017, el Congreso de Estados Unidos amenazó con ‎sanciones a las empresas que participaban en el funcionamiento de Nord Stream y a las que ‎se habían implicado en la construcción de Nord Stream 2. Siendo presidente, el propio Donald ‎Trump se mofó de la sumisión de Alemania, que se alimentaba del gas ruso. No sólo ‎Estados Unidos sino también Polonia pusieron innumerables trabas jurídicas al gas ruso en ‎Europa Occidental. En ese campo, la nueva administración estadounidense no cambió ‎absolutamente nada. Alemania creyó, erróneamente, que la administración Biden sería más tolerante. ‎

Claro, en julio de 2021, se llegó a un acuerdo según el cual Nord Stream 2 sería sustituido con ‎hidrógeno fabricado… en Ucrania y transportado, a partir de 2024 (el año de expiración del ‎contrato ruso-ucraniano), por el ya vetusto Brotherhood que sería convenientemente adaptado.‎

El canciller alemán Olaf Scholz, electo en diciembre de 2021, cometió dos graves errores en sólo ‎meses.
 El 7 de diciembre Scholz estuvo en la Casa Blanca y allí trató de resistirse a la presión de ‎Estados Unidos, que lo instaba a renunciar al gas ruso. De regreso en Berlín, Scholz optó por ‎mantener Nord Stream en funcionamiento y bloquear la puesta en marcha de Nord Stream 2, ‎mientras buscaba fuentes de energías renovables. Scholz creía erróneamente que así lograría un ‎equilibrio entre el belicismo del pensamiento estratégico estadounidense, las necesidades de la ‎industria alemana y la doctrina de los Verdes, miembros de su coalición de gobierno. ‎
El canciller alemán ya se había llevado un buen susto en Washington. Durante su conferencia ‎de prensa con el presidente estadounidense, Joe Biden había declarado que Estados Unidos ‎podía destruir Nord Stream 2 y que lo haría si Rusia invadía Ucrania. Para Scholz fue ‎absolutamente aterrador que su amo estadounidense que le dijera sin miramientos que sería ‎capaz de destruir una infraestructura que había costado decenas de miles de millones si un tercer ‎país actuaba sin tener en cuenta las órdenes de Washington. No sabemos si durante las conversaciones a puertas ‎cerradas Biden mencionó ‎también la eventual destrucción del primer Nord Stream –no es imposible que lo haya hecho. En todo caso, los periodistas alemanes que ‎acompañaban a Scholz recuerdan que el canciller estaba lívido durante el viaje de regreso a Berlín.
 Scholz cometió su segundo error el 16 de septiembre de 2022. Alemania no quiere seguir ‎sometida a la tutela de los anglosajones, prefiere garantizar por sí misma su seguridad y la del ‎conjunto de países miembros de la Unión Europea. Así que el canciller Scholz declaró que:‎

«Siendo nosotros la nación más poblada, dotada del mayor poderío económico y situada ‎en el centro del continente, nuestro ejército debe convertirse en el pilar de la defensa ‎convencional en Europa.»‎

Al precisar que hablaba sólo de «defensa convencional», el canciller Scholz crear que estaba ‎evitando herir la susceptibilidad de su vecina Francia, única potencia nuclear de la Unión Europea. ‎Pero no se daba cuenta de que estaba violando la doctrina de los discípulos de Leo Strauss –los ‎straussianos de Estados Unidos– imaginándose poder escapar al protectorado militar ‎estadounidense. ‎
En 1992, Paul Wolfowitz había firmado la Defense Policy Guidance, algunos de cuyos fragmentos ‎se conocieron a través del New York Times. Wolfowitz indicaba en ese documento que ‎Estados Unidos vería toda voluntad de emancipación de sus aliados europeos como un cassus ‎belli [3].‎

Seis días después de las declaraciones del canciller alemán Scholz, los Navy Seals volaban los dos ‎gasoductos del Mar Báltico, lo cual significa para Alemania 11 años de retroceso. ‎

Sólo horas después del sabotaje contra Nord Stream y Nord Stream 2, el presidente de ‎Polonia, el primer ministro de Dinamarca y el ministro de Energía de Noruega inauguraban con ‎bombo y platillo el gasoducto Baltic Pipe, que no tiene ni remotamente la misma capacidad ‎que los Nord Stream pero bastará para marcar el cambio de época. Antes, la industria alemana ‎alimentada con el gas ruso hacía el papel de líder de la Unión Europea. En adelante, ese papel ‎quedará en manos de Polonia, impulsada por gas noruego. El primer ministro polaco, Mateusz ‎Morawiecki, proclamó triunfalmente su odio en plena ceremonia al sentenciar: «Llega a su fin ‎la era de la dominación rusa en el sector del gas; una era que estuvo marcada por el chantaje, las ‎amenazas y la extorsión.»‎

El acto de guerra perpetrado contra Rusia, Alemania, Países Bajos y Francia nos obliga a ver los ‎hechos de Ucrania bajo una perspectiva diferente. Ese acto de guerra es mucho más importante ‎que todo lo anterior porque Estados Unidos acaba de atacar a sus “aliados”. En artículos ‎anteriores he explicado con detalles lo que los straussianos buscaban con sus provocaciones ‎en Ucrania. Lo que acaba de suceder nos muestra por qué Washington apoya el proyecto ‎straussiano, como política de Estado. Y también nos demuestra que su «gran estrategia» ‎no ha cambiado desde los años 1950. ‎

En 2017, un presidente estadounidense, Donald Trump, participaba en el ‎lanzamiento de la “Iniciativa de los Tres Mares”. Si Washington sale ganando tan a menudo ‎es porque ve más lejos que sus aliados.

En la práctica, la Unión Europea va a derrumbarse en el plano económico, con excepción de Polonia y ‎sus 11 aliados de Europa Central, miembros de la Iniciativa de los Tres Mares o Intermarium ‎‎ [4]. El viento cambia de rumbo. Ahora es Polonia la que tiene ‎el “viento en popa”. ‎

Los grandes perdedores serán Europa Occidental y Rusia. Pero también estará entre ‎los perdedores Ucrania, destruida sólo para dar lugar a esta hecatombe. ‎

26 septiembre 2022

Congreso Ufológico Mundial. Entrevistas muy interesantes de David Parcerisa a Anton Parks, Chris Mellon, Clas Svahn, Alan Steinfeld y Marina Seren. El origen de la Humanidad y el asunto reptil, ovnis y militares, desclasificaciones, abducciones y mucho más

 


FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=w7x8V5sh_O4




FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=iNpLebPZXFE&t=2s



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=H_7Eh0AVoG0



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=1ARbBCJg1Ho



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=LNacYtEiEcc


13 septiembre 2022

La sumisión de la Unión Europea al neosionismo anglosajón ha de terminar para siempre o estamos abocados al abismo

 

Los straussianos estadounidenses ponen la Unión Europea de rodillas ‎

Un grupúsculo estadounidense conformado por los seguidores del filósofo Leo Strauss ‎controla hoy el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado. Después de ‎haber organizado numerosas guerras, comenzando por la agresión contra Yugoslavia, ‎los “straussianos” orquestaron la guerra de Ucrania. Y ahora manipulan a la Unión ‎Europea y se preparan para privarla de fuentes de energía. Si los dirigentes europeos ‎no abren pronto los ojos, la alianza que se obstinan en mantener con Washington provocará ‎el derrumbe económico de los países miembros de la Unión Europea. Por cierto, ‎de nada vale creer que estos individuos tendrán miramientos con sus “aliados” del ‎mundo occidental desarrollado. En 1992, los straussianos ya escribían que ‎Estados Unidos no debe vacilar en destruir Alemania y la Unión Europea.‎


El profesor Leo Strauss estimaba que más vale ser como Hitler que caer en manos de alguien ‎como el líder del III Reich.‎

Leo Strauss, filósofo alemán judío, fue profesor en la universidad de Chicago desde 1949. ‎Rápidamente se rodeó allí de un pequeño grupo de discípulos judíos seleccionados entre sus ‎alumnos y les impartió enseñanzas orales muy diferentes de lo que él mismo escribía. Leo Strauss ‎consideraba que las democracias habían sido incapaces de proteger a los judíos frente la Solución ‎Final concebida por los nazis. Según él, para evitar que aquel drama se repitiese, sus discípulos ‎tendrían que construir su propia dictadura. ‎

Y comenzó inmediatamente a formarlos para eso. Los llamaba sus «hoplitas» –como los ‎soldados de la antigua Esparta– y los enviaba a crear desórdenes entre los alumnos de otros ‎profesores. ‎

Varios miembros de esa secta –a quienes hoy denominamos “straussianos”– lograron establecerse en ‎altas funciones en Estados Unidos y en Israel. El funcionamiento y la ideología de ese grupúsculo ‎han sido tema de controversia después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Gran ‎número de libros recogen la polémica entre los partidarios y los adversarios de Leo Strauss [1]. Pero los hechos son indiscutibles. ‎

Ciertos autores antisemitas han metido en el mismo saco, erróneamente, a los strauassianos, las ‎comunidades judías de la diáspora y el Estado de Israel. Pero la ideología de Leo Strauss no ‎se discutió nunca en el mundo judío antes del 11 de septiembre de 2001. Desde un punto de vista ‎sociológico, Leo Strauss da lugar a un fenómeno sectario para nada representativo de la cultura ‎judía. Sin embargo, en 2003, los «sionistas revisionistas» de Benyamin Netanyahu hicieron un pacto con los straussianos estadounidenses en presencia de otros dirigentes israelíes [2], aunque siempre reinó la mayor discreción sobre la existencia de esa alianza. ‎

Una de las cosas que caracterizan a los straussianos es que están dispuestos a todo. Por ejemplo, ‎querían hacer que Irak regresara a la Edad de Piedra y lo lograron. Consideran que cualquier ‎sacrificio es posible, incluso para ellos mismos, con tal de seguir siendo los primeros. Precisión ‎fundamental: ¡No se trata de ser los mejores sino de ser los primeros! [3]

Paul Wolfowitz

En 1992, el straussiano Paul Wolfowitz, consejero del secretario de Defensa, redactó el ‎documento Defense Planning Guidance. Fue ese el primer documento oficial estadounidense que ‎reflejó el pensamiento de Leo Strauss [4]. Quien puso a Wolfowitz ‎en contacto con el pensamiento de Leo Strauss fue el filósofo estadounidense Allan Bloom, ‎amigo del francés Raymond Aron. Wolfowitz sólo conoció personalmente a Leo Strauss ‎por poco tiempo, cuando Strauss ya llegaba al término de su enseñanza en Chicago. Pese a ello, ‎Jeane Kirkpatrick –embajadora de Estados Unidos en la ONU de 1981 a 1985– reconoció a ‎Wolfowitz como «una de las grandes figuras straussianas» [5]. ‎

En el contexto de la disolución de la Unión Soviética, Wolfowitz desarrolla una estrategia para ‎mantener la hegemonía de Estados Unidos sobre todo el resto del mundo. ‎

El documento Defense Planning Guidance estaba destinado a ser confidencial. Pero el ‎‎New York Times reveló sus líneas fundamentales y publicó partes de dicho texto [6]. Tres días ‎después el Washington Post revelaba otros detalles del documento redactado por Wolfowitz ‎‎ [7]. En definitiva, el texto original nunca llegó a hacerse ‎público. Sólo llegó a circular una versión maquillada por el entonces secretario de Defensa –y ‎futuro vicepresidente– Dick Cheney.‎

Se sabe que el documento inicial se basa en una serie de reuniones en las que participaron otras ‎tres personas, igualmente miembros del grupo de los straussianos: Andrew Marshall, el ‎‎“pensador” del Pentágono –reemplazado 3 años después de su fallecimiento por Arthur ‎Cebrowski–; Albert Wohlstetter, el “pensador” de la estrategia de disuasión nuclear, y su yerno ‎Richard Perle, quien se convertiría en director del Defense Policy Board. El documento Defense ‎Planning Guidance fue redactado por un alumno de Wohlstetter, Zalmay Khalilzad, quien sería ‎después embajador de Estados Unidos en la ONU. ‎

En el Defense Planning Guidance se menciona un nuevo «orden mundial […] respaldado a fin ‎de cuentas por Estados Unidos». En ese nuevo orden mundial la única superpotencia tendría sólo ‎alianzas coyunturales, en función de los conflictos. La ONU e incluso la OTAN serían cada vez ‎más marginadas. Más ampliamente, la doctrina Wolfowitz teoriza sobre la idea de que ‎Estados Unidos tiene que impedir el surgimiento de cualquier competidor potencial frente a la ‎hegemonía estadounidense, principalmente las «naciones industrializadas avanzadas»… como ‎Alemania y Japón. ‎

El Defense Planning Guidance apunta particularmente hacia la Unión Europea: ‎

«Aunque Estados Unidos apoya el proyecto de integración europea, tenemos que velar por ‎evitar el surgimiento de un sistema de seguridad puramente europeo que socavaría ‎la OTAN, y particularmente su estructura de mando militar integrado».‎

Por eso se hizo que los europeos incluyeran en el Tratado de Maastricht una cláusula que ‎subordina la política de defensa de los miembros de la Unión Europea a la de la OTAN. ‎El informe del Pentágono estipula además que los nuevos Estados del centro y del este de Europa ‎deben integrarse a la Unión Europea y llegar a un acuerdo militar según el cual Estados Unidos los ‎protegerá contra un eventual ataque ruso [8].‎

Ese es el documento cuya aplicación ha venido orquestándose durante 30 años.

 En el Tratado de Maastricht se estipula, en efecto, en el título V, artículo 4:‎

«La política de la Unión en el sentido del presente artículo no afecta el carácter ‎específico de la política de seguridad y de defensa de ciertos Estados miembros, respeta ‎las obligaciones vinculadas para ciertos Estados miembros al Tratado del Atlántico Norte y ‎es compatible con la política común de seguridad y de defensa establecida en ese marco».


Esas disposiciones fueron incluidas en los diferentes textos hasta el artículo 42 del tratado sobre ‎la Unión Europea.

 Casi todos los Estados ex miembros del Pacto de Varsovia se convirtieron en miembros de la ‎Unión Europea. Eso fue resultado de una imposición de Washington, anunciada incluso por el ‎secretario de Estado James Baker justo antes de la reunión del Consejo Europeo que le dio su ‎aval. ‎

En el año 2000, Paul Wolfowitz fue, con Zbignew Brzezinki, el orador principal de un gran coloquio ‎ucranio-estadounidense realizado en Washington y organizado por los «nacionalistas ‎integristas» ucranianos refugiados en Estados Unidos. Wolfowitz se comprometió allí a ‎respaldar la Ucrania independiente, a provocar que Rusia entrara en guerra contra ella y, ‎finalmente, a financiar la destrucción de renaciente rival de Estados Unidos [9].‎

Esos compromisos se pusieron en aplicación con la adopción, el 28 de abril de 2022, de la ‎‎Ukraine Democracy Defense Lend-Lease Act of 2022 [10], que dispensa a Ucrania de todos los procedimientos de control de armamentos, ‎sobre todo de los certificados de destino final del armamento que se le entrega. En virtud de ‎esa ley, Estados Unidos cede en préstamo-arriendo a la Unión Europea armamento muy costoso ‎supuestamente destinado a la defensa de Ucrania. Eso quiere decir que, cuando termine ‎la guerra, los europeos tendrán que pagar ese armamento… y la factura será monumental. ‎

Victoria Nuland y Antony Blinken en la oficina de John Kerry.

Las élites europeas, que hasta ahora se beneficiaron de su alianza con Estados Unidos, no deben ‎sorprenderse, si leen la Defense Planning Guidance, de que ese país trate ahora de acabar ‎con ellas. Ya vieron lo que Washington es capaz de hacer, después de los atentados del 11 de ‎septiembre de 2001: Paul Wolfowitz prohibió que los países que habían expresado ‎reservas sobre la invasión –como Francia y Alemania– tuviesen acceso a los contratos para la reconstrucción de Irak ‎‎ [11].‎

En este momento, el alza de precios de las fuentes de energía –agravada ahora por las dificultades ‎en el acceso a esos recursos– amenaza no sólo la calefacción y el transporte de los particulares ‎sino sobre todo la supervivencia de todas las industrias europeas. Si se prolonga, ese fenómeno ‎puede provocar un súbito derrumbe económico del conjunto de países miembros de la Unión ‎Europea, lo cual se traducirá para su población en un retroceso de al menos un siglo. ‎

Resulta difícil analizar ese fenómeno ya que los precios y la disponibilidad de las fuentes de ‎energía varían en función de numerosos factores. ‎

En primer lugar, los precios dependen de la oferta y la demanda. Por eso aumentaron con la ‎reactivación de la economía global al final de la epidemia de Covid-19. ‎

En segundo lugar, las fuentes de energía están entre los blancos preferidos de los especuladores, ‎incluso más que las monedas. Sólo el efecto de la especulación puede multiplicar el precio ‎mundial del petróleo por 2,5.‎

Hasta ahí, no estamos hablando de nuevo. Todo eso es habitual y conocido. Pero las sanciones ‎occidentales contra Rusia –por haber puesto en aplicación los Acuerdos de Minsk [12]– han venido ‎a perturbar el mercado mundial. Ya no hay precios globales sino precios diferentes según ‎los países de los vendedores y los países de los clientes. Todavía hay precios reconocidos en las ‎bolsas occidentales, en Wall Street y en la City. Pero esos precios nada tienen que ver con los ‎precios que se aplican en Pekín y en Nueva Delhi. ‎

Eso puede verse principalmente en el petróleo y el gas, antes abundantes en la Unión Europea, ‎donde ahora escasean… a pesar de que siguen siendo recursos más que abundantes a escala ‎mundial. ‎

Se vienen abajo todas nuestras referencias. Nuestras herramientas estadísticas, concebidas para ‎el mercado globalizado, no sirven para la coyuntura que estamos viviendo. Así que sólo es ‎posible plantear hipótesis, sin que tengamos cómo verificarlas. Esta situación es propicia para que ‎muchos digan cualquier cosa en tono doctoral. El hecho es que todos nos movemos a tientas. ‎

Uno de los factores que marcan esta coyuntura es el reflujo de los dólares que se utilizaban en los ‎intercambios y la especulación y que han dejado de ser utilizables para las transacciones ‎en ciertos países. El dólar, moneda prácticamente virtual, desaparece de Rusia y de los Estados ‎aliados de esa nación para “rebotar” hacia los países donde todavía puede circular –es un ‎fenómeno de grandes proporciones que la Reserva Federal estadounidense y los ejércitos de ‎Estados Unidos siempre habían querido evitar pero que los straussianos de la administración ‎Biden (el secretario de Estado Antony Blinken y su subsecretaria Victoria Nuland) han provocado ‎de forma deliberada. ‎

Erróneamente convencidos de que Rusia trata de anexar Ucrania, los europeos han renunciado a ‎comerciar con Moscú. En la práctica siguen consumiendo gas ruso, pero se autoconvencen de ‎que Gazprom quiere cortarles el suministro. Por ejemplo, la prensa europea ya había anunciado ‎que Gazprom “cerraba” el gasoducto Nord Stream, cuando esa compañía rusa anunciaba un simple paro técnico de 3 días. El suministro a través de los gasoductos se interrumpe habitualmente ‎durante 2 días cada 2 meses para realizar tareas de mantenimiento. En este caso, Gazprom ‎no pudo realizar el mantenimiento programado porque el bloqueo occidental impedía que ‎le devolvieran las turbinas enviadas a Canadá para su reparación. Pero esa explicación es inútil ‎cuando se quiere hacer creer a los consumidores europeos que los pérfidos rusos les cortan ‎el gas justo antes de que empiece el invierno. ‎

La propaganda europea tiene como objetivo preparar a la opinión pública para un cierre definitivo ‎del gasoducto y atribuir la responsabilidad a Rusia. ‎

En este asunto, los dirigentes de la Unión Europea no hacen más que aplicar las directivas que los ‎straussianos les imparten desde Washington. Y al hacerlo, esos dirigentes europeos sabotean la ‎industria europea en detrimento de sus propios conciudadanos. Ciertas instalaciones industriales ‎europeas de alto consumo energético ya se ven obligadas a reducir su producción y algunas ‎incluso han tenido que cerrar. ‎

Ladislav Vrabel organizó la primera manifestación prorrusa en la Unión ‎Europea. Este empresario de 44 años ya se había dado a conocer al expresar su oposición a las ‎imposiciones de Bruselas ante la epidemia de Covid-19. ‎

El proceso de degradación de la Unión Europea está llamado a continuar si nadie se atreve a ‎enfrentarlo. Para sorpresa de todos, una primera manifestación favorable a las relaciones ‎con Rusia tuvo lugar en Praga, el 3 de septiembre. La policía reconoció la participación de ‎‎70 000 personas, en un país de 10 millones de habitantes. Pero los manifestantes eran ‎probablemente mucho más numerosos. Inmediatamente, los comentaristas políticos ‎los criticaron duramente tildándolos de «idiotas útiles a Putin». Pero esos insultos no bastan ‎para disimular la incomodidad de las élites europeas. ‎

Los expertos en asuntos energéticos ya ven como algo inevitable los cortes de electricidad ‎en toda la Unión Europea. Sólo Hungría, país que logró obtener una serie de dispensas, está en ‎posición de escapar a las reglas del mercado único de la energía. Y quienes sean capaces de ‎producir electricidad tendrán que compartirla con quienes sean incapaces de hacerlo, sin importar ‎que esa incapacidad sea fruto de una fatídica falta de previsión. ‎

La Unión Europea comienza preconizar que se reduzca la generación de electricidad, para pasar ‎después a decretar cortes de electricidad en horarios nocturnos y acabar imponiendo cortes ‎durante el día. La gente no podrá utilizar los ascensores y tendrá dificultades para calentar las ‎viviendas en invierno y para cocinar si usa placas eléctricas. La población que depende de ‎autobuses, trenes y autos eléctricos, tendrá problemas para transportarse. Las empresas que ‎consumen mucha energía, como las de la industria siderúrgica, se verán obligadas a cerrar. ‎Ciertas infraestructuras se volverán simplemente inutilizables, como los túneles largos que ‎no podrán hacer funcionar sus sistemas de ventilación. Y las instalaciones electrónicas concebidas ‎para funcionar constantemente no soportarán la repetición de cortes de electricidad. En ese ‎grupo se encuentran las antenas indispensables para las redes de telefonía móvil. ‎

En los países del Tercer Mundo que enfrentan problemas de suministro eléctrico, la gente usa ‎tiras de leds acopladas a baterías recargables para la iluminación y UPS para alimentar los equipos ‎de bajo consumo, como las computadoras y ciertos tipos de televisores. Pero esas cosas son ‎prácticamente inexistentes en las redes comerciales de la Unión Europea. ‎

El PIB de la Unión Europea ya se redujo en casi un 1%. ¿Se mantendrá esa recesión, como ‎planean los straussianos de Washington? ¿O la interrumpirán los ciudadanos de la Unión Europea, ‎como ya quieren hacerlo los checos que salieron a la calle en Praga? ‎

Los straussianos irán hasta las últimas consecuencias. Ya han aprovechado la decadencia de ‎Estados Unidos para apropiarse del verdadero poder. Un drogadicto que nunca ha participado en ‎una elección viaja en aviones oficiales cuando le viene en ganas para hacer negocios por ‎el mundo [13], mientras que los straussianos se han instalado ‎discretamente en el poder a la sombra del presidente Biden y gobiernan en su lugar. ‎

Los dirigentes europeos, por su parte, están totalmente ciegos o demasiado comprometidos para ‎detenerse, reconocer sus 30 años de errores y, sobre todo, tratar de enmendarlos. ‎

Elementos a retener:
 Los straussianos son prácticamente una secta fanática y están dispuestos a todo para mantener ‎la supremacía de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Ya orquestaron las guerras que han ‎venido enlutando el planeta durante los últimos 30 años y crearon las condiciones que ‎desembocaron en el conflicto de Ucrania.‎
 Además, han convencido a la Unión Europea de que Moscú quiere anexar Ucrania para anexar ‎después toda Europa central. Con ese argumento han logrado que Bruselas ponga fin a toda ‎forma de comercio con Rusia.
 La crisis energética que ya se inicia lleva la Unión Europea hacia cortes de electricidad que ‎afectarán gravemente el modo de vida de los europeos y, sobre todo, la economía de sus ‎países.

FUENTE: https://www.voltairenet.org/article217975.html