05 octubre 2022

Estados Unidos declara la guerra abiertamente a Europa. Si la élite de Bruselas trabaja al servicio del sionismo anglosajón, ¿quién va a reaccionar a tal ataque y romper la baraja de una vez por todas? O Europa se enfrenta a su aliado/enemigo o cava su tumba definitivamente

 

Estados Unidos declara la guerra a Rusia, ‎Alemania, Países Bajos y a Francia

Mientras la prensa internacional aborda el sabotaje contra los gasoductos ‎‎Nord Stream y Nord Stream 2 como una especie de “crónica roja”, aquí ‎lo analizamos como un acto de guerra contra Alemania en particular y contra la Unión ‎Europea en general. ¿Por qué? Porque los países de Europa occidental acaban de ‎perder súbitamente las 3 vías que tenían para aprovisionarse con gas mientras que, ‎‎¿casualmente?, acaba de inaugurarse un gasoducto que va a Polonia. ‎

En su momento, el recientemente fallecido Mijaíl Gorbatchov vio la catástrofe de ‎Chernobil como indicio de la inevitable disolución de la URSS. Desde Red Voltaire ‎vemos el sabotaje contra los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 como ‎el inicio de la caída económica de la Unión Europea.‎


Imagen satelital rusa de uno de los puntos de salida a la superficie del gas proveniente de los ‎Nord Stream saboteados.‎

La lucha de Estados Unidos por mantener su hegemonía mundial ha pasado a su tercera etapa.
 Debido a la extensión de la OTAN hacia el este, lo cual viola el compromiso contraído ‎por Occidente de abstenerse de desplegar armamento estadounidense en Europa Central, Rusia, obligada a garantizar la defensa de sus extensas fronteras, se ve directamente amenazada.
 En violación de los compromisos contraídos al término de la Segunda Guerra Mundial, ‎Washington instaló en Kiev el actual régimen de los «nacionalistas integristas» (simplemente ‎‎«nazis» en la terminología del Kremlin). Los «nacionalistas integristas» prohibieron a sus ‎compatriotas rusoparlantes hablar su lengua materna –el ruso–, los privaron de servicios ‎públicos y finalmente bombardearon sin descanso a los del Donbass. Al cabo de 8 años de ‎matanza, Rusia ya no tuvo otra opción que iniciar una intervención militar para poner fin al ‎calvario de las poblaciones rusoparlantes.
 La tercera fase de la intervención silenciosa de Estados Unidos es la imposición de un cambio en ‎el aprovisionamiento energético a todos los países de Europa Occidental y de Europa Central. ‎Precisamente el mismo día de la puesta en marcha del gasoducto del Báltico (Baltic Pipe), los ‎dos gasoductos Nord Stream fueron puestos fuera de servicio mediante sabotajes realizados ‎con explosivos… y también se interrumpió el mantenimiento técnico del Turkish Stream.‎

La voladura parcial de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 es el mayor acto de ‎sabotaje de toda la Historia. Y es un acto de guerra contra Rusia pero también contra Alemania ‎por ser estos los países copropietarios (51% Rusia y 30% Alemania) que más recursos invirtieron en ‎esas infraestructuras de colosal envergadura. Pero es también un acto de guerra contra los demás ‎socios, que son Países Bajos (9%) y Francia (9%). Sin embargo, los Estados occidentales ‎perjudicados que acabamos de mencionar guardan silencio. ‎

Para realizar los atentados contra los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 fue ‎probablemente necesario el despliegue de submarinos en las zonas ya identificadas por las ‎potencias de la región. Oficialmente no hay indicios, en el sentido “policial” de la expresión, pero ‎las “cámaras de vigilancia” (en este caso los dispositivos de sonar) ya “hablaron”. Los Estados ‎interesados saben con certeza quién es el culpable. Si no reaccionan, serán borrados del mapa, ‎políticamente hablando. Pero también es posible que estén preparando en secreto algún tipo de ‎reacción, que los convertiría en verdaderos actores políticos… cuando se decidan a concretarla. ‎

Los franceses deben recordar la intentona de golpe de Estado militar que estremeció Francia ‎en 1961 y los subsiguientes intentos de asesinato contra el presidente Charles de Gaulle. ‎El propio De Gaulle fingió creer que los atentados contra su vida eran cosa de la OAS ‎‎(Organización del Ejército Secreto, siglas en francés), que se componía de franceses contrarios a ‎la independencia de Argelia. Pero el ministro francés de Exteriores de la época, Maurice Couve ‎de Murville, mencionó públicamente el papel del Opus Dei español y de la CIA estadounidense ‎en la organización y financiamiento de aquellos intentos de asesinar a De Gaulle. Este último ‎ordenó entonces que se abrieran investigaciones, identificó a los traidores, reorganizó la policía ‎y el ejército franceses y, 5 años después, sacó a Francia del mando integrado de la OTAN, dio a ‎esta última 2 semanas para cerrar su sede (que estaba precisamente en París) y trasladarla a ‎Bélgica y además dio a ese bloque bélico plazos un poco más largos –pero bien definidos– para ‎concretar el cierre de las 29 bases militares que tenía en suelo francés. Posteriormente, el ‎presidente De Gaulle realizó una serie de viajes al extranjero, durante los cuales denunció ‎repetidamente la hipocresía de Estados Unidos, principalmente la guerra de Vietnam. ‎

Francia se convertió así nuevamente en una potencia faro en materia de relaciones ‎internacionales. Aquellos hechos nunca fueron explicados claramente a la opinión pública, pero todos los responsables políticos de aquella época pueden confirmarlos [1].‎

Después de la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos elaboró una redistribución del ‎mundo que modifica radicalmente las relaciones internacionales, con derrocamientos de gobiernos ‎y el inicio de guerras, para imponer determinadas rutas al transporte de recursos energéticos. ‎Esa fue la principal actividad del vicepresidente estadounidense Al Gore durante 8 años, bajo ‎la administración Clinton. Y a eso mismo se dedica hoy Amos Hochstein, como consejero especial ‎del presidente Joe Biden. Basta recordar la guerra de Transnistria –un intento estadounidense de ‎apoderarse de un nodo de gasoductos [2]– y la posterior guerra de Kosovo, para ‎construir el «Octavo Corredor», una vía de comunicación a través de los Balcanes, y ya tenemos ‎sobre la mesa las demás piezas del rompecabezas. ‎

Resulta especialmente difícil discernir a fondo la gravedad de la catástrofe que acaba de caer ‎sobre la Unión Europea y que, muy probablemente, va a causar su derrumbe económico. Esa comprensión se hace todavía más difícil porque la Unión Europea ha tomado por sí misma varias ‎de las decisiones que van a llevarla a la quiebra. ‎

Hasta el 26 de septiembre de 2022, Rusia todavía era el principal proveedor de gas de la Unión ‎Europea. El gas ruso seguía llegando a la UE por el gasoducto Brotherhood –a través ‎de Ucrania–, por el Nord Stream o por el Turkish Stream. Estados Unidos, que ‎supuestamente garantiza la seguridad de la Unión Europea, acaba de cortar esas 3 vías de ‎aprovisionamiento. El lector puede estar pensando que el gasoducto Brotherhood todavía está ‎en funcionamiento… pero Kiev puede cerrarlo o inutilizarlo en cualquier momento mientras que ‎‎Nord Stream ha sido saboteado y Turkish Stream ya no puede recibir el mantenimiento ‎técnico que necesita porque lo impiden las sanciones que la Unión Europea ha adoptado… ‎a instancias de Estados Unidos. ‎

Hace 11 años, los europeos celebraban su unión con Rusia y hablaban de ‎construir un mundo de paz y prosperidad. ‎

Hasta el 26 de septiembre, la economía de la Unión Europea se apoyaba fundamentalmente en la ‎producción de la industria alemana. Al cortar el gasoducto Nord Stream, Estados Unidos ha destruido la industria alemana. Según la célebre fórmula de Lord Ismay, quien fue el primer secretario ‎general de la OTAN, la «gran estrategia» de los anglosajones consiste en «Mantener a ‎los americanos dentro, a los rusos fuera y a los alemanes bajo tutela». ‎

El presidente estadounidense Ronald Reagan se opuso a que Francia ‎y Alemania recibieran gas ruso. Después de adoptar inútilmente sanciones contra empresas ‎de esos dos países, Reagan ordenó a William Casey, entonces director de la CIA, sabotear el ‎gasoducto Yamal en Polonia, y así se hizo.


Todas las administraciones estadounidenses han aplicado esa política ininterrumpidamente desde ‎los años 1950. Nueve países participaron en la construcción de Nord Stream y 4 son ‎propietarios de esa importante infraestructura. Nord Stream entró en funcionamiento en 2011. ‎A partir del mandato de Donald Trump, en 2017, el Congreso de Estados Unidos amenazó con ‎sanciones a las empresas que participaban en el funcionamiento de Nord Stream y a las que ‎se habían implicado en la construcción de Nord Stream 2. Siendo presidente, el propio Donald ‎Trump se mofó de la sumisión de Alemania, que se alimentaba del gas ruso. No sólo ‎Estados Unidos sino también Polonia pusieron innumerables trabas jurídicas al gas ruso en ‎Europa Occidental. En ese campo, la nueva administración estadounidense no cambió ‎absolutamente nada. Alemania creyó, erróneamente, que la administración Biden sería más tolerante. ‎

Claro, en julio de 2021, se llegó a un acuerdo según el cual Nord Stream 2 sería sustituido con ‎hidrógeno fabricado… en Ucrania y transportado, a partir de 2024 (el año de expiración del ‎contrato ruso-ucraniano), por el ya vetusto Brotherhood que sería convenientemente adaptado.‎

El canciller alemán Olaf Scholz, electo en diciembre de 2021, cometió dos graves errores en sólo ‎meses.
 El 7 de diciembre Scholz estuvo en la Casa Blanca y allí trató de resistirse a la presión de ‎Estados Unidos, que lo instaba a renunciar al gas ruso. De regreso en Berlín, Scholz optó por ‎mantener Nord Stream en funcionamiento y bloquear la puesta en marcha de Nord Stream 2, ‎mientras buscaba fuentes de energías renovables. Scholz creía erróneamente que así lograría un ‎equilibrio entre el belicismo del pensamiento estratégico estadounidense, las necesidades de la ‎industria alemana y la doctrina de los Verdes, miembros de su coalición de gobierno. ‎
El canciller alemán ya se había llevado un buen susto en Washington. Durante su conferencia ‎de prensa con el presidente estadounidense, Joe Biden había declarado que Estados Unidos ‎podía destruir Nord Stream 2 y que lo haría si Rusia invadía Ucrania. Para Scholz fue ‎absolutamente aterrador que su amo estadounidense que le dijera sin miramientos que sería ‎capaz de destruir una infraestructura que había costado decenas de miles de millones si un tercer ‎país actuaba sin tener en cuenta las órdenes de Washington. No sabemos si durante las conversaciones a puertas ‎cerradas Biden mencionó ‎también la eventual destrucción del primer Nord Stream –no es imposible que lo haya hecho. En todo caso, los periodistas alemanes que ‎acompañaban a Scholz recuerdan que el canciller estaba lívido durante el viaje de regreso a Berlín.
 Scholz cometió su segundo error el 16 de septiembre de 2022. Alemania no quiere seguir ‎sometida a la tutela de los anglosajones, prefiere garantizar por sí misma su seguridad y la del ‎conjunto de países miembros de la Unión Europea. Así que el canciller Scholz declaró que:‎

«Siendo nosotros la nación más poblada, dotada del mayor poderío económico y situada ‎en el centro del continente, nuestro ejército debe convertirse en el pilar de la defensa ‎convencional en Europa.»‎

Al precisar que hablaba sólo de «defensa convencional», el canciller Scholz crear que estaba ‎evitando herir la susceptibilidad de su vecina Francia, única potencia nuclear de la Unión Europea. ‎Pero no se daba cuenta de que estaba violando la doctrina de los discípulos de Leo Strauss –los ‎straussianos de Estados Unidos– imaginándose poder escapar al protectorado militar ‎estadounidense. ‎
En 1992, Paul Wolfowitz había firmado la Defense Policy Guidance, algunos de cuyos fragmentos ‎se conocieron a través del New York Times. Wolfowitz indicaba en ese documento que ‎Estados Unidos vería toda voluntad de emancipación de sus aliados europeos como un cassus ‎belli [3].‎

Seis días después de las declaraciones del canciller alemán Scholz, los Navy Seals volaban los dos ‎gasoductos del Mar Báltico, lo cual significa para Alemania 11 años de retroceso. ‎

Sólo horas después del sabotaje contra Nord Stream y Nord Stream 2, el presidente de ‎Polonia, el primer ministro de Dinamarca y el ministro de Energía de Noruega inauguraban con ‎bombo y platillo el gasoducto Baltic Pipe, que no tiene ni remotamente la misma capacidad ‎que los Nord Stream pero bastará para marcar el cambio de época. Antes, la industria alemana ‎alimentada con el gas ruso hacía el papel de líder de la Unión Europea. En adelante, ese papel ‎quedará en manos de Polonia, impulsada por gas noruego. El primer ministro polaco, Mateusz ‎Morawiecki, proclamó triunfalmente su odio en plena ceremonia al sentenciar: «Llega a su fin ‎la era de la dominación rusa en el sector del gas; una era que estuvo marcada por el chantaje, las ‎amenazas y la extorsión.»‎

El acto de guerra perpetrado contra Rusia, Alemania, Países Bajos y Francia nos obliga a ver los ‎hechos de Ucrania bajo una perspectiva diferente. Ese acto de guerra es mucho más importante ‎que todo lo anterior porque Estados Unidos acaba de atacar a sus “aliados”. En artículos ‎anteriores he explicado con detalles lo que los straussianos buscaban con sus provocaciones ‎en Ucrania. Lo que acaba de suceder nos muestra por qué Washington apoya el proyecto ‎straussiano, como política de Estado. Y también nos demuestra que su «gran estrategia» ‎no ha cambiado desde los años 1950. ‎

En 2017, un presidente estadounidense, Donald Trump, participaba en el ‎lanzamiento de la “Iniciativa de los Tres Mares”. Si Washington sale ganando tan a menudo ‎es porque ve más lejos que sus aliados.

En la práctica, la Unión Europea va a derrumbarse en el plano económico, con excepción de Polonia y ‎sus 11 aliados de Europa Central, miembros de la Iniciativa de los Tres Mares o Intermarium ‎‎ [4]. El viento cambia de rumbo. Ahora es Polonia la que tiene ‎el “viento en popa”. ‎

Los grandes perdedores serán Europa Occidental y Rusia. Pero también estará entre ‎los perdedores Ucrania, destruida sólo para dar lugar a esta hecatombe. ‎

26 septiembre 2022

Congreso Ufológico Mundial. Entrevistas muy interesantes de David Parcerisa a Anton Parks, Chris Mellon, Clas Svahn, Alan Steinfeld y Marina Seren. El origen de la Humanidad y el asunto reptil, ovnis y militares, desclasificaciones, abducciones y mucho más

 


FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=w7x8V5sh_O4




FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=iNpLebPZXFE&t=2s



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=H_7Eh0AVoG0



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=1ARbBCJg1Ho



FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=LNacYtEiEcc


13 septiembre 2022

La sumisión de la Unión Europea al neosionismo anglosajón ha de terminar para siempre o estamos abocados al abismo

 

Los straussianos estadounidenses ponen la Unión Europea de rodillas ‎

Un grupúsculo estadounidense conformado por los seguidores del filósofo Leo Strauss ‎controla hoy el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado. Después de ‎haber organizado numerosas guerras, comenzando por la agresión contra Yugoslavia, ‎los “straussianos” orquestaron la guerra de Ucrania. Y ahora manipulan a la Unión ‎Europea y se preparan para privarla de fuentes de energía. Si los dirigentes europeos ‎no abren pronto los ojos, la alianza que se obstinan en mantener con Washington provocará ‎el derrumbe económico de los países miembros de la Unión Europea. Por cierto, ‎de nada vale creer que estos individuos tendrán miramientos con sus “aliados” del ‎mundo occidental desarrollado. En 1992, los straussianos ya escribían que ‎Estados Unidos no debe vacilar en destruir Alemania y la Unión Europea.‎


El profesor Leo Strauss estimaba que más vale ser como Hitler que caer en manos de alguien ‎como el líder del III Reich.‎

Leo Strauss, filósofo alemán judío, fue profesor en la universidad de Chicago desde 1949. ‎Rápidamente se rodeó allí de un pequeño grupo de discípulos judíos seleccionados entre sus ‎alumnos y les impartió enseñanzas orales muy diferentes de lo que él mismo escribía. Leo Strauss ‎consideraba que las democracias habían sido incapaces de proteger a los judíos frente la Solución ‎Final concebida por los nazis. Según él, para evitar que aquel drama se repitiese, sus discípulos ‎tendrían que construir su propia dictadura. ‎

Y comenzó inmediatamente a formarlos para eso. Los llamaba sus «hoplitas» –como los ‎soldados de la antigua Esparta– y los enviaba a crear desórdenes entre los alumnos de otros ‎profesores. ‎

Varios miembros de esa secta –a quienes hoy denominamos “straussianos”– lograron establecerse en ‎altas funciones en Estados Unidos y en Israel. El funcionamiento y la ideología de ese grupúsculo ‎han sido tema de controversia después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Gran ‎número de libros recogen la polémica entre los partidarios y los adversarios de Leo Strauss [1]. Pero los hechos son indiscutibles. ‎

Ciertos autores antisemitas han metido en el mismo saco, erróneamente, a los strauassianos, las ‎comunidades judías de la diáspora y el Estado de Israel. Pero la ideología de Leo Strauss no ‎se discutió nunca en el mundo judío antes del 11 de septiembre de 2001. Desde un punto de vista ‎sociológico, Leo Strauss da lugar a un fenómeno sectario para nada representativo de la cultura ‎judía. Sin embargo, en 2003, los «sionistas revisionistas» de Benyamin Netanyahu hicieron un pacto con los straussianos estadounidenses en presencia de otros dirigentes israelíes [2], aunque siempre reinó la mayor discreción sobre la existencia de esa alianza. ‎

Una de las cosas que caracterizan a los straussianos es que están dispuestos a todo. Por ejemplo, ‎querían hacer que Irak regresara a la Edad de Piedra y lo lograron. Consideran que cualquier ‎sacrificio es posible, incluso para ellos mismos, con tal de seguir siendo los primeros. Precisión ‎fundamental: ¡No se trata de ser los mejores sino de ser los primeros! [3]

Paul Wolfowitz

En 1992, el straussiano Paul Wolfowitz, consejero del secretario de Defensa, redactó el ‎documento Defense Planning Guidance. Fue ese el primer documento oficial estadounidense que ‎reflejó el pensamiento de Leo Strauss [4]. Quien puso a Wolfowitz ‎en contacto con el pensamiento de Leo Strauss fue el filósofo estadounidense Allan Bloom, ‎amigo del francés Raymond Aron. Wolfowitz sólo conoció personalmente a Leo Strauss ‎por poco tiempo, cuando Strauss ya llegaba al término de su enseñanza en Chicago. Pese a ello, ‎Jeane Kirkpatrick –embajadora de Estados Unidos en la ONU de 1981 a 1985– reconoció a ‎Wolfowitz como «una de las grandes figuras straussianas» [5]. ‎

En el contexto de la disolución de la Unión Soviética, Wolfowitz desarrolla una estrategia para ‎mantener la hegemonía de Estados Unidos sobre todo el resto del mundo. ‎

El documento Defense Planning Guidance estaba destinado a ser confidencial. Pero el ‎‎New York Times reveló sus líneas fundamentales y publicó partes de dicho texto [6]. Tres días ‎después el Washington Post revelaba otros detalles del documento redactado por Wolfowitz ‎‎ [7]. En definitiva, el texto original nunca llegó a hacerse ‎público. Sólo llegó a circular una versión maquillada por el entonces secretario de Defensa –y ‎futuro vicepresidente– Dick Cheney.‎

Se sabe que el documento inicial se basa en una serie de reuniones en las que participaron otras ‎tres personas, igualmente miembros del grupo de los straussianos: Andrew Marshall, el ‎‎“pensador” del Pentágono –reemplazado 3 años después de su fallecimiento por Arthur ‎Cebrowski–; Albert Wohlstetter, el “pensador” de la estrategia de disuasión nuclear, y su yerno ‎Richard Perle, quien se convertiría en director del Defense Policy Board. El documento Defense ‎Planning Guidance fue redactado por un alumno de Wohlstetter, Zalmay Khalilzad, quien sería ‎después embajador de Estados Unidos en la ONU. ‎

En el Defense Planning Guidance se menciona un nuevo «orden mundial […] respaldado a fin ‎de cuentas por Estados Unidos». En ese nuevo orden mundial la única superpotencia tendría sólo ‎alianzas coyunturales, en función de los conflictos. La ONU e incluso la OTAN serían cada vez ‎más marginadas. Más ampliamente, la doctrina Wolfowitz teoriza sobre la idea de que ‎Estados Unidos tiene que impedir el surgimiento de cualquier competidor potencial frente a la ‎hegemonía estadounidense, principalmente las «naciones industrializadas avanzadas»… como ‎Alemania y Japón. ‎

El Defense Planning Guidance apunta particularmente hacia la Unión Europea: ‎

«Aunque Estados Unidos apoya el proyecto de integración europea, tenemos que velar por ‎evitar el surgimiento de un sistema de seguridad puramente europeo que socavaría ‎la OTAN, y particularmente su estructura de mando militar integrado».‎

Por eso se hizo que los europeos incluyeran en el Tratado de Maastricht una cláusula que ‎subordina la política de defensa de los miembros de la Unión Europea a la de la OTAN. ‎El informe del Pentágono estipula además que los nuevos Estados del centro y del este de Europa ‎deben integrarse a la Unión Europea y llegar a un acuerdo militar según el cual Estados Unidos los ‎protegerá contra un eventual ataque ruso [8].‎

Ese es el documento cuya aplicación ha venido orquestándose durante 30 años.

 En el Tratado de Maastricht se estipula, en efecto, en el título V, artículo 4:‎

«La política de la Unión en el sentido del presente artículo no afecta el carácter ‎específico de la política de seguridad y de defensa de ciertos Estados miembros, respeta ‎las obligaciones vinculadas para ciertos Estados miembros al Tratado del Atlántico Norte y ‎es compatible con la política común de seguridad y de defensa establecida en ese marco».


Esas disposiciones fueron incluidas en los diferentes textos hasta el artículo 42 del tratado sobre ‎la Unión Europea.

 Casi todos los Estados ex miembros del Pacto de Varsovia se convirtieron en miembros de la ‎Unión Europea. Eso fue resultado de una imposición de Washington, anunciada incluso por el ‎secretario de Estado James Baker justo antes de la reunión del Consejo Europeo que le dio su ‎aval. ‎

En el año 2000, Paul Wolfowitz fue, con Zbignew Brzezinki, el orador principal de un gran coloquio ‎ucranio-estadounidense realizado en Washington y organizado por los «nacionalistas ‎integristas» ucranianos refugiados en Estados Unidos. Wolfowitz se comprometió allí a ‎respaldar la Ucrania independiente, a provocar que Rusia entrara en guerra contra ella y, ‎finalmente, a financiar la destrucción de renaciente rival de Estados Unidos [9].‎

Esos compromisos se pusieron en aplicación con la adopción, el 28 de abril de 2022, de la ‎‎Ukraine Democracy Defense Lend-Lease Act of 2022 [10], que dispensa a Ucrania de todos los procedimientos de control de armamentos, ‎sobre todo de los certificados de destino final del armamento que se le entrega. En virtud de ‎esa ley, Estados Unidos cede en préstamo-arriendo a la Unión Europea armamento muy costoso ‎supuestamente destinado a la defensa de Ucrania. Eso quiere decir que, cuando termine ‎la guerra, los europeos tendrán que pagar ese armamento… y la factura será monumental. ‎

Victoria Nuland y Antony Blinken en la oficina de John Kerry.

Las élites europeas, que hasta ahora se beneficiaron de su alianza con Estados Unidos, no deben ‎sorprenderse, si leen la Defense Planning Guidance, de que ese país trate ahora de acabar ‎con ellas. Ya vieron lo que Washington es capaz de hacer, después de los atentados del 11 de ‎septiembre de 2001: Paul Wolfowitz prohibió que los países que habían expresado ‎reservas sobre la invasión –como Francia y Alemania– tuviesen acceso a los contratos para la reconstrucción de Irak ‎‎ [11].‎

En este momento, el alza de precios de las fuentes de energía –agravada ahora por las dificultades ‎en el acceso a esos recursos– amenaza no sólo la calefacción y el transporte de los particulares ‎sino sobre todo la supervivencia de todas las industrias europeas. Si se prolonga, ese fenómeno ‎puede provocar un súbito derrumbe económico del conjunto de países miembros de la Unión ‎Europea, lo cual se traducirá para su población en un retroceso de al menos un siglo. ‎

Resulta difícil analizar ese fenómeno ya que los precios y la disponibilidad de las fuentes de ‎energía varían en función de numerosos factores. ‎

En primer lugar, los precios dependen de la oferta y la demanda. Por eso aumentaron con la ‎reactivación de la economía global al final de la epidemia de Covid-19. ‎

En segundo lugar, las fuentes de energía están entre los blancos preferidos de los especuladores, ‎incluso más que las monedas. Sólo el efecto de la especulación puede multiplicar el precio ‎mundial del petróleo por 2,5.‎

Hasta ahí, no estamos hablando de nuevo. Todo eso es habitual y conocido. Pero las sanciones ‎occidentales contra Rusia –por haber puesto en aplicación los Acuerdos de Minsk [12]– han venido ‎a perturbar el mercado mundial. Ya no hay precios globales sino precios diferentes según ‎los países de los vendedores y los países de los clientes. Todavía hay precios reconocidos en las ‎bolsas occidentales, en Wall Street y en la City. Pero esos precios nada tienen que ver con los ‎precios que se aplican en Pekín y en Nueva Delhi. ‎

Eso puede verse principalmente en el petróleo y el gas, antes abundantes en la Unión Europea, ‎donde ahora escasean… a pesar de que siguen siendo recursos más que abundantes a escala ‎mundial. ‎

Se vienen abajo todas nuestras referencias. Nuestras herramientas estadísticas, concebidas para ‎el mercado globalizado, no sirven para la coyuntura que estamos viviendo. Así que sólo es ‎posible plantear hipótesis, sin que tengamos cómo verificarlas. Esta situación es propicia para que ‎muchos digan cualquier cosa en tono doctoral. El hecho es que todos nos movemos a tientas. ‎

Uno de los factores que marcan esta coyuntura es el reflujo de los dólares que se utilizaban en los ‎intercambios y la especulación y que han dejado de ser utilizables para las transacciones ‎en ciertos países. El dólar, moneda prácticamente virtual, desaparece de Rusia y de los Estados ‎aliados de esa nación para “rebotar” hacia los países donde todavía puede circular –es un ‎fenómeno de grandes proporciones que la Reserva Federal estadounidense y los ejércitos de ‎Estados Unidos siempre habían querido evitar pero que los straussianos de la administración ‎Biden (el secretario de Estado Antony Blinken y su subsecretaria Victoria Nuland) han provocado ‎de forma deliberada. ‎

Erróneamente convencidos de que Rusia trata de anexar Ucrania, los europeos han renunciado a ‎comerciar con Moscú. En la práctica siguen consumiendo gas ruso, pero se autoconvencen de ‎que Gazprom quiere cortarles el suministro. Por ejemplo, la prensa europea ya había anunciado ‎que Gazprom “cerraba” el gasoducto Nord Stream, cuando esa compañía rusa anunciaba un simple paro técnico de 3 días. El suministro a través de los gasoductos se interrumpe habitualmente ‎durante 2 días cada 2 meses para realizar tareas de mantenimiento. En este caso, Gazprom ‎no pudo realizar el mantenimiento programado porque el bloqueo occidental impedía que ‎le devolvieran las turbinas enviadas a Canadá para su reparación. Pero esa explicación es inútil ‎cuando se quiere hacer creer a los consumidores europeos que los pérfidos rusos les cortan ‎el gas justo antes de que empiece el invierno. ‎

La propaganda europea tiene como objetivo preparar a la opinión pública para un cierre definitivo ‎del gasoducto y atribuir la responsabilidad a Rusia. ‎

En este asunto, los dirigentes de la Unión Europea no hacen más que aplicar las directivas que los ‎straussianos les imparten desde Washington. Y al hacerlo, esos dirigentes europeos sabotean la ‎industria europea en detrimento de sus propios conciudadanos. Ciertas instalaciones industriales ‎europeas de alto consumo energético ya se ven obligadas a reducir su producción y algunas ‎incluso han tenido que cerrar. ‎

Ladislav Vrabel organizó la primera manifestación prorrusa en la Unión ‎Europea. Este empresario de 44 años ya se había dado a conocer al expresar su oposición a las ‎imposiciones de Bruselas ante la epidemia de Covid-19. ‎

El proceso de degradación de la Unión Europea está llamado a continuar si nadie se atreve a ‎enfrentarlo. Para sorpresa de todos, una primera manifestación favorable a las relaciones ‎con Rusia tuvo lugar en Praga, el 3 de septiembre. La policía reconoció la participación de ‎‎70 000 personas, en un país de 10 millones de habitantes. Pero los manifestantes eran ‎probablemente mucho más numerosos. Inmediatamente, los comentaristas políticos ‎los criticaron duramente tildándolos de «idiotas útiles a Putin». Pero esos insultos no bastan ‎para disimular la incomodidad de las élites europeas. ‎

Los expertos en asuntos energéticos ya ven como algo inevitable los cortes de electricidad ‎en toda la Unión Europea. Sólo Hungría, país que logró obtener una serie de dispensas, está en ‎posición de escapar a las reglas del mercado único de la energía. Y quienes sean capaces de ‎producir electricidad tendrán que compartirla con quienes sean incapaces de hacerlo, sin importar ‎que esa incapacidad sea fruto de una fatídica falta de previsión. ‎

La Unión Europea comienza preconizar que se reduzca la generación de electricidad, para pasar ‎después a decretar cortes de electricidad en horarios nocturnos y acabar imponiendo cortes ‎durante el día. La gente no podrá utilizar los ascensores y tendrá dificultades para calentar las ‎viviendas en invierno y para cocinar si usa placas eléctricas. La población que depende de ‎autobuses, trenes y autos eléctricos, tendrá problemas para transportarse. Las empresas que ‎consumen mucha energía, como las de la industria siderúrgica, se verán obligadas a cerrar. ‎Ciertas infraestructuras se volverán simplemente inutilizables, como los túneles largos que ‎no podrán hacer funcionar sus sistemas de ventilación. Y las instalaciones electrónicas concebidas ‎para funcionar constantemente no soportarán la repetición de cortes de electricidad. En ese ‎grupo se encuentran las antenas indispensables para las redes de telefonía móvil. ‎

En los países del Tercer Mundo que enfrentan problemas de suministro eléctrico, la gente usa ‎tiras de leds acopladas a baterías recargables para la iluminación y UPS para alimentar los equipos ‎de bajo consumo, como las computadoras y ciertos tipos de televisores. Pero esas cosas son ‎prácticamente inexistentes en las redes comerciales de la Unión Europea. ‎

El PIB de la Unión Europea ya se redujo en casi un 1%. ¿Se mantendrá esa recesión, como ‎planean los straussianos de Washington? ¿O la interrumpirán los ciudadanos de la Unión Europea, ‎como ya quieren hacerlo los checos que salieron a la calle en Praga? ‎

Los straussianos irán hasta las últimas consecuencias. Ya han aprovechado la decadencia de ‎Estados Unidos para apropiarse del verdadero poder. Un drogadicto que nunca ha participado en ‎una elección viaja en aviones oficiales cuando le viene en ganas para hacer negocios por ‎el mundo [13], mientras que los straussianos se han instalado ‎discretamente en el poder a la sombra del presidente Biden y gobiernan en su lugar. ‎

Los dirigentes europeos, por su parte, están totalmente ciegos o demasiado comprometidos para ‎detenerse, reconocer sus 30 años de errores y, sobre todo, tratar de enmendarlos. ‎

Elementos a retener:
 Los straussianos son prácticamente una secta fanática y están dispuestos a todo para mantener ‎la supremacía de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Ya orquestaron las guerras que han ‎venido enlutando el planeta durante los últimos 30 años y crearon las condiciones que ‎desembocaron en el conflicto de Ucrania.‎
 Además, han convencido a la Unión Europea de que Moscú quiere anexar Ucrania para anexar ‎después toda Europa central. Con ese argumento han logrado que Bruselas ponga fin a toda ‎forma de comercio con Rusia.
 La crisis energética que ya se inicia lleva la Unión Europea hacia cortes de electricidad que ‎afectarán gravemente el modo de vida de los europeos y, sobre todo, la economía de sus ‎países.

FUENTE: https://www.voltairenet.org/article217975.html