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04 diciembre 2014

Temas económicos que hasta hace poco eran tabú y se debaten ya, por ejemplo, en el parlamento británico. El dinero-deuda, el poder de la banca, la usura, etc

 

Banca en extinción

La banca que conocemos tiene ya las horas contadas, pero mientras en Reino Unido se discute cómo sustituirla, aquí se tacha de locos o castristas a quienes plantean el debate

Hace unos días se desarrolló un debate interesantísimo en el Parlamento británico (y creo que impensable en el nuestro) sobre creación de dinero y sociedad.
 
Lo inició el diputado conservador Steve Baker recordando a Henry Ford cuando dijo que si la gente supiera lo que hacen los bancos con su dinero habría una revolución al día siguiente. Señaló que el origen del problema que iban a discutir se encuentra en la ley de 1844 que prohibió a los bancos ingleses crear billetes, para poner fin a la continua práctica especulativa que llevaban a cabo gracias a ese privilegio, porque no tuvo en cuenta que la banca también crea otro tipo de dinero.
 
Como ha analizado con toda crudeza un reciente informe del Banco de Inglaterra, aunque los bancos no creen dinero legal desde entonces, sí que crean desde la nada el llamado dinero bancario, es decir medios de pago, cada vez que conceden un crédito. La mencionada ley no lo prohibió y eso permitió que los bancos siguieran creando dinero sin parar, aumentando incesantemente la deuda de dónde nacen esos nuevos medios de pago y los beneficios bancarios.
 
Es realmente significativo el amplísimo acuerdo que se manifestó en ese debate entre diputados de todas las tendencias al reconocer que ese privilegio es ya insoportable. Prácticamente todos coincidieron en denunciar que el desorbitado endeudamiento y las sucesivas burbujas que han provocado las crisis financieras y, en especial, la última que estamos viviendo, son el resultado de la exagerada creación de dinero que llevan a cabo los bancos para multiplicar su beneficio. Varios de los parlamentarios intervinientes en el debate presentaron datos que demuestran como la deuda generada por la banca privada es ya mucho mayor que el volumen total de dinero en circulación, algo que, de seguir así, solo puede llevar a un cataclismo financiero.
 
Del debate se deduce un amplio consenso sobre la conveniencia ya inexcusable de acabar con ese privilegio. Incluso la secretaria económica del Tesoro, Andrea Leadsom, se preguntó si caben las reformas o si no es ya hora de tirar el sistema a la basura y empezar de nuevo.
 
El debate dejó claro, por ejemplo, que poner en manos de los bancos privados la creación de casi el 95% del dinero en circulación no solo provoca crisis, sino que también beneficia a los más ricos y produce una gran ineficiencia. El laborista Michael Meacher indicó que sólo el 16% del crédito se destina a financiar a empresas productivas y al consumo; mientras que el resto financia la compra y venta de activos, en la mayoría de los casos con carácter especulativo.
 
A la hora de dar alternativas hubo más diferencias. Unos propusieron que el Estado controle la cantidad de dinero circulante y no la banca privada. Otros son partidarios de obligar a que los bancos mantengan en reserva el 100% de los depósitos. Y también se defendió la utilización de monedas electrónicas como el bitcoin, el establecimiento de tasas sobre la creación de dinero bancario, o el impulso de los bancos que no cobran intereses, medidas que hace muy poco tiempo hubieran parecido utópicas.
 
Lo relevante es que la discusión está abierta. La banca que conocemos tiene ya las horas contadas y lo curioso es que mientras en Reino Unido sus señorías discuten cómo sustituirla, aquí se tacha de locos o castristas a quienes plantean el debate.
 
 
 

15 junio 2012

LA BANCA NO SOMOS TODOS


Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University


Existe una percepción bastante generalizada en España que considera que “el banco somos todos”. El dinero de la banca es el dinero de todos. Tal dinero son los depósitos de la mayoría de la ciudadanía que tiene sus ahorros depositados en la banca. En otras palabras, se asume que el dinero que existe y/o se utiliza por el banco es el depositado por cada uno de los ciudadanos, resultado de su ahorro, de sus nóminas o de sus pensiones, sean éstas públicas o privadas.

Ésta percepción es promovida por los propios bancos que quieren transmitir el mensaje de que ellos desempeñan una función social, la de guardar el dinero de la ciudadanía, pagándoles unos intereses como incentivo, a la vez que ofrecen crédito a las personas y a las empresas que lo necesiten. La existencia de tal crédito es la función social que justifica su existencia. De esta percepción se deriva el mensaje que la banca y el Banco de España transmiten a los medios y que está calando en la población: intervenir y penalizar a la banca es penalizarnos a todos nosotros.

Esta percepción, sin embargo, es profundamente errónea. En realidad, la mayoría de ciudadanos no tiene mucho dinero en la banca, ni directa ni indirectamente (como en pensiones). Sería muy interesante poder corroborar los hechos con los datos pero, no podemos hacerlo en España, donde la opacidad estadística, tanto en temas de distribución de la renta como de la propiedad, hacen difícil conseguirlos. Además, los existentes no son creíbles.

Fíjese el lector que, según los últimos datos de la OCDE (que extrae sus datos de las cifras oficiales del Estado español), el nivel de renta de la decila superior de España es de 32.000 euros. Cualquier persona que va por las partes alta de las grandes ciudades puede ver que los súper ricos tienen muchos más ingresos que los que constan en sus declaraciones de renta. (Tal opacidad es incluso más acentuada en el sistema financiero, como bien ha mostrado el colapso de Bankia).

Estados Unidos, sin embargo, sí que tiene datos más fiables. Y es más que probable que la distribución de la renta y de la propiedad en España sea bastante semejante a la de EEUU (España, junto con EEUU, es uno de los países más desiguales de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo). Pues bien, la gran mayoría de estadounidenses tienen muy poca propiedad financiera. Ésta está muy concentrada. La decila superior de la población estadounidense posee el 90% de todos los bienes financieros, siendo los más comunes sus acciones bancarias y sus pensiones.

En realidad los súper ricos, el 1% de la población, posee el 38% de estos bienes financieros. La mayoría de la población sólo posee su casa, aunque poseer, poseer, es un decir. El banco es el que la posee, y el que vive en ella le paga al banco la hipoteca.

Cuando estamos hablando de los bancos, por lo tanto, estamos hablando predominantemente del dinero de una minoría: de los ricos y de los súper ricos. De ahí que sería razonable decir que cuando hablamos de los bancos no estamos hablando del conjunto de la población sino de los sectores más adinerados y de los gestores de su dinero (los banqueros). De ahí que también sería aconsejable que –tal como propone el que fue Secretary of Labor (Ministro de Trabajo) durante la Administración Clinton, y hoy Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de California, el Sr. Robert Reich, se gravara a los banqueros, a los accionistas, y a los que tienen la mayoría de depósitos, haciéndoles pagar un 2% en sus bienes financieros, justificándose tal medida por los enormes beneficios que la banca ha alcanzado durante todos estos años de bonanza, beneficios conseguidos predominantemente de la especulación, incluida la especulación bancaria.

Ello conseguiría en EEUU 70.000 millones de dólares más para el Estado (haciéndoles pagar tal 2% a los que tuvieran más de 7.2 millones de bienes financieros).

No estaría de más que se implementara esta política aquí en España, donde la concentración de la propiedad es igualmente acentuada. Hoy, las ayudas públicas al sector bancario español han alcanzado el nivel del 10% del PIB sin que con ello se haya resuelto el problema del crédito. Si a ello se añaden los 100.000 millones del rescate bancario, resulta que tal cifra ha doblado este porcentaje, alcanzando más del 20% del PIB, sin que ello haya facilitado o facilite en el futuro la provisión del crédito.

Por cierto, es difícil de entender que estos 100.000 millones de euros que se gastarán supuestamente en la reestructuración del sistema financiero (a unos intereses que pueden significarle a la banca, según el Comisario de la Unión Europea, el Sr. Joaquín Almunia, casi un 8%) consigan lo que no han conseguido los casi 500.000 millones de euros que los bancos españoles e italianos han recibido desde el pasado diciembre del BCE a unos intereses de sólo un 1%. Tal rescate no resolverá el problema de la banca española, pues no se está tocando el problema clave que provocó la crisis: la burbuja inmobiliaria.

Todavía hoy hay más de tres millones de pisos vacíos (3.417.064 viviendas, según el Ministerio de Fomento). Durante el boom inmobiliario se construyeron 800.000 viviendas al año, más que Alemania, Gran Bretaña y Francia juntas. Los precios subieron un 155% durante una década, crecimiento artificial, que no se correspondía con el crecimiento del nivel de vida del país, y que se consiguió gracias a las prácticas especulativas de la banca. Cuando la burbuja explotó (debido al parón de transferencias del dinero de la banca alemana, contaminado por los “productos tóxicos” de la banca estadounidense), la banca española quedó estancada con sus propios productos tóxicos, las hipotecas, que no se podían pagar y continúan sin poder pagarse. Tales activos representan 150.000 millones de euros (equivalente al 15% del PIB).

Y ahí está el problema, que requiere para su solución una intervención pública que el Estado español es reacio a tomar debido al enorme poder de la banca. Debería haberse resuelto a base de llenar estas casas vacías con familias que pagaran alquileres o hipotecas asumibles, penalizando a los bancos que se resistieran a tales medidas (en Dinamarca se multa a la vivienda que esta vacía durante más de seis semanas). Y muchos bancos deberían haber sido nacionalizados, con anulación de la deuda privada en gran número de casos. En lugar de ello, el Estado español ha escogido ayudar a los bancos a costa de los intereses de la población. Y de esto es de lo que no se habla. Las raíces de la crisis financiera -el excesivo poder de los ricos y de los súper ricos en España y de sus bancos- no se está ni siquiera tocando. Y así estamos.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/5301/la-banca-no-somos-todos/

14 mayo 2012

LA BANCA: TSUNAMI QUE ARRASA EUROPA


may 11
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 11 de mayo de 2012
Este artículo muestra que lo que el Banco Central Europeo y su presidente entienden por estimular la economía (que se centra en reformas del mercado laboral que tienen como objetivo bajar los salarios y la disminución de la protección social y del gasto público) empeorará en lugar de facilitar el crecimiento económico.

El Presidente del Banco Central Europeo (BCE), el señor Mario Draghi, en su reciente presentación al Parlamento Europeo, reconoció la necesidad de que a las políticas de austeridad (que repitió eran necesarias) se debían añadir políticas de estímulo de crecimiento económico, lo cual dio lugar a una interpretación generalizada en los mayores medios de información que presentaron a tal autoridad bancaria como sensible a la llamada del que era entonces candidato socialista a la Presidencia de Francia, el señor François Hollande, para estimular la economía y facilitar el crecimiento económico. De pronto los cinco rotativos más importantes del país escribieron editoriales citando lo que ellos consideraron como un cambio muy importante de la máxima autoridad del BCE, sorprendidos por lo que consideraron era una nota de apoyo a la llamada a estimular la economía.

Pero, por lo visto, no leyeron el resto de la presentación del señor Draghi, ni tampoco parecen familiarizados con las tesis de tal señor. En realidad, tal banquero no se ha movido ni un centímetro de su posicionamiento, apoyando políticas que han sido responsables de la Gran Recesión en la Unión Europea. El señor Mario Draghi, dirigente durante muchos años de la banca Goldman Sachs, siempre ha indicado la necesidad de estimular la economía mediante el aumento de la competitividad, que se conseguirá –según él- “flexibilizando el mercado de trabajo”, el código que el mundo empresarial, incluido el bancario, utiliza para definir el proceso por el cual el empresario puede despedir mas fácilmente al trabajador. Esto es lo que el señor Draghi está recomendando para que la economía crezca.

El problema de tal postura es que toda la evidencia –repito, toda la evidencia- existente en la literatura científica muestra que sus medidas ralentizarán el crecimiento económico en lugar de estimularlo. Flexibilizar el mercado de trabajo quiere decir en lenguaje normal y corriente abaratar los salarios. Éste es el objetivo de las sucesivas reformas laborales. Y lo están consiguiendo. Tanto la masa salarial como el nivel salarial están cayendo en picado. Las reformas del Gobierno español del PP están acentuando la destrucción de puestos de trabajo, con el consiguiente aumento del desempleo y descenso salarial. Y no hay ni un ápice de dudas de que los arquitectos de estas reformas eran plenamente conscientes de que esto era lo que deseaban, y lo que están consiguiendo.

No descarto que algunos de los economistas del BCE y del Banco de España, así como de Fedea (la fundación financiada por intereses bancarios y de grandes empresas), fervientes creyentes del dogma neoliberal, se crean que despidiendo a los trabajadores facilitan el crecimiento económico. Pero dudo que el señor Draghi se lo crea. La evidencia es demasiado robusta para ignorarla. La bajada de los salarios creará un descenso de la demanda y con ello un descenso del crecimiento económico y el consiguiente bajón de los ingresos al Estado y un aumento del déficit. Esto es lo que ha pasado en Grecia, Portugal, Irlanda y ahora en España.

Y para reducir el déficit cortan el gasto público, que disminuye también la demanda y así se reproduce el ciclo suicida que está ocurriendo. Y el señor Draghi lo sabe. No hay duda de ello ¿Y por qué lo hace? El Presidente del BCE es un banquero que representa los intereses de los banqueros para los cuales el mayor enemigo es la inflación. Y sacrifica todo –repito, todo- para conseguir lo que la banca desea. Pero hay otro objetivo de la crisis que sus políticas están mostrando. Y este objetivo es la eliminación del Estado del Bienestar con su privatización, desde las pensiones a la sanidad pública, pues el capital financiero desea echarle mano a las fuentes de capital más importantes en los países de la Eurozona, como son la Seguridad Social y los sistemas de protección social. Si creen que esta interpretación es paranoica o conspiracional, les ruego que se lean los propios discursos de tal señor.

Fue este banquero el que dijo que “el modelo social europeo está desapareciendo”, en una entrevista al ‘Wall Street Journal’ (24.02.12), observación que hizo con aprobación. No podía haberse expresado mejor. Cito directamente su respuesta, traduciendo literalmente del original en inglés. “El Estado social europeo está ya desapareciendo. En un país donde los jóvenes tienen un desempleo de un 50%, como en España, la protección social ya ha desaparecido….. El objetivo de crear una situación de ‘shock’ es forzar que los países hagan las necesarias reformas, como la reforma laboral, que permita resolver sus problemas” (lo que no aclara el señor Mario Draghi es los problemas de quién). Más claro el agua. La supuesta crisis creada en gran parte por el capital financiero tiene por objetivo conseguir lo que siempre han deseado: el fin de la Europa y de la España social.