18 noviembre 2019

Propaganda, postverdad y nuevas formas de influencia sobre la población



Propaganda y postverdad

Hace 18 años que venimos debatiendo sobre la extraña evolución de los medios de ‎difusión, que parecen cada vez menos interesados en la realidad de los hechos. Ese ‎fenómeno se atribuye a menudo a la democratización de la información a través de ‎las redes sociales. Nos dicen que ahora cualquiera puede atribuirse el ‎papel de “periodista” y que eso conspira contra la calidad de la información. ¿Habría ‎entonces que restringir el derecho a expresarse dejándolo sólo en manos de las élites? ‎‎¿Y si fuera exactamente lo contrario? ¿No será que, en vez de ser la respuesta a ese ‎fenómeno, la censura que se pretende imponer es más bien la mejor manera de garantizar la continuidad del problema?
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Según el mito griego, ilustrado en esta imagen, Sísifo fue condenado a hacer rodar una enorme ‎roca cuesta arriba hasta lo alto de una montaña. Por supuesto, la piedra rodaba ‎nuevamente hacia abajo obligando a Sísifo a recomenzar‎ eternamente la absurda tarea.

La Propaganda

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En los sistemas políticos donde el Poder necesita la participación del Pueblo, la propaganda tiene como objetivo lograr que la mayor cantidad posible de personas abrace una ideología ‎en particular y movilizar a esas personas para aplicar esa ideología. Sin importar la buena o mala ‎fe de quienes tratan de movilizar al Pueblo, los métodos utilizados son los mismos.
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Sin embargo, durante el siglo XX, el diputado británico Charles Masterman, el periodista ‎estadounidense George Creel y sobre todo el ministro de Propaganda del III Reich Joseph ‎Goebbels teorizaron sobre el uso de la mentira y de la repetición de la mentira, sobre la ‎eliminación de los puntos de vista divergentes y sobre el proselitismo en el seno de organizaciones ‎de masas, con las devastadoras consecuencias que hoy conocemos.

Es por eso que, después de la dos Guerras Mundiales, la Asamblea General de ‎la ONU adoptó 3 resoluciones en las que condena el uso de la mentira deliberada con intenciones ‎de desatar guerras y advierte que los Estados deben velar por la libre circulación de las ideas, ‎única solución para evitar el engaño premeditado.
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Aunque las técnicas de propaganda se han perfeccionado durante los 75 últimos años y se utilizan ‎sistemáticamente en todos los conflictos internacionales, hoy están cediendo lugar a nuevas ‎formas de influencia sobre los países que ni siquiera están en guerra. Ya no se trata de lograr ‎que el público se sume a una ideología y de que actúe al servicio del Poder sino, por el ‎contrario, de evitar que actúe, de paralizarlo.
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