FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=z26bxEwaoEw
EL BREVE DOCUMENTAL NO SEÑALA SU CRUCIAL PERTENENCIA A SUPERLOGIAS MASÓNICAS/SOCIEDADES SECRETAS
FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=z26bxEwaoEw
EL BREVE DOCUMENTAL NO SEÑALA SU CRUCIAL PERTENENCIA A SUPERLOGIAS MASÓNICAS/SOCIEDADES SECRETAS
El poder, los símbolos y la historia real de la masonería: una mirada crítica a la orden que ha influido silenciosamente en la política, la sociedad y el rumbo del mundo moderno.
«Llueve»: así advierten los masones cuando un secreto se escapa de las logias y llega a oídos profanos. Bajo ese signo se presenta este libro, un ensayo crítico que se adentra en las entrañas de la masonería para revelar su historia, símbolos, ritos y proyecciones de poder. Apoyado en más de un centenar de fuentes —incluyendo testimonios de masones, exmasones, historiadores e investigadores—, el autor reconstruye el papel de esta hermandad a lo largo de los últimos tres siglos. Sus vínculos con antiguas tradiciones esotéricas, su relación con las religiones monoteístas y su in fluencia en revoluciones, gobiernos y sociedades secretas como los Illuminati. Una investigación que descubre cómo una orden que se proclama discreta ha sido, en realidad, un actor decisivo en la construcción del mundo moderno. A través de un enfoque riguroso y una mirada crítica, Llueve invita al lector a cuestionar los relatos oficiales y a explorar lo que habitualmente se oculta tras el velo de lo simbólico y lo iniciático. Lejos de la simple denuncia o del sensacionalismo, esta obra propone comprender cómo el pensamiento masónico ha moldeado la política, la cultura y la espiritualidad contemporáneas, y por qué conocer su influencia resulta esencial para entender el presente.
FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=86LvRDu5yw0
Aunque puede parecer inconcebible, Israel ha iniciado un proyecto de expansión territorial que incluye anexar… ¡la capital de Siria! El presidente autoproclamado de este último país, ya parece haber buscado refugio en Idlib, con su familia, bajo la protección de Turquía.
En la etapa del “colectivo Biden” –grupo impostor de la Casa Blanca que suplió con la tramposa cuan ilegal “auto-pen” (apócrifa “auto firma” automatizada) del discapacitado ex presidente–, el corredor geoeconómico proyectado desde la India, pasando por Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudita hasta Israel y Europa fue descarrilado por el extraño ataque de la guerrilla palestina gazatí Hamas, hoy diezmada al máximo.
El corredor geoeconómico India-EAU-Arabia Saudita-Israel-Europa «respaldado por Estados Unidos» y anunciado en la cumbre del G20, en Nueva Delhi, buscaba «rivalizar con la Nueva Ruta de la Seda de China» [1]. Se conjetura que uno de los objetivos de la “guerra de 12 días” de Israel/Estados Unidos contra Irán era sabotear la encrucijada geoeconómica del país persa, alma del BRICS, para desconectarla tanto de la Ruta de la Seda con China, como del Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur, desde Rusia pasando por Azerbaiyán e Irán hasta la India [2].
El Medio Oriente es presa de la colisión de corredores geoeconómicos de las tres superpotencias (Estados Unidos, Rusia y China) que definirán la conectividad tricontinental entre Asia/Medio-Oriente (y África) con Europa. En paralelo, la potencia regional (Israel), apoyada por Trump, como nunca antes en la historia de Estados Unidos, busca imponer su “Corredor David” [3], que conecta a sus dos aliados étnicos y teológicos: los drusos y los kurdos del noreste de Siria (la región de Rojava [4].
En mi entrevista con NegociosTV, de España [5], expliqué que a Israel le convienen las balcanizaciones en Medio-Oriente con el fin de desmembrar a los países y controlarlos óptimamente. El objetivo del “Corredor David” es posicionar a Israel en la frontera de Irak para intentar balcanizarlo en tres pedazos, y así alcanzar los límites de Irán para asestarle un jaque nuclear en una de sus 7 fronteras terrestres, que son 9 si se agregan sus otras dos fronteras marítimas en el mar Caspio (antiguo mar de los Jázaros), Rusia y Kazajistán.
El premier Netanyahu choca a destiempo con el golpista sirio Al-Jolani, decapitador profesional –ayer condenado por Estados Unidos por ser líder de una de las ramas de Al-Qaeda/ISIS y por cuya captura se premiaba con 10 millones de dólares, pero hoy santificado como “héroe” por Europa y Washington–, quien aniquila sin distinción a las minorías alauitas, cristianas y drusas.
Israel destruyó el ministerio de Defensa en Damasco, lo cual obligó a la huida del decapitador al-Jolani con su familia a la región norteña de Idlib bajo protección de Turquía. Tanto los multimedia árabes como los de Turquía han empezado a develar el plan israelí y su “Corredor David”, que anhela incorporar al mayor número de países desmembrados a los “Acuerdos Abraham”.
Abraham, aceptado por las tres religiones monoteístas, fue oriundo de Ur, a 16 kilómetros del río Eufrates, y luego emigró a lo que hoy se conoce como Israel. Cabe señalar que la bandera de Israel ostenta dos franjas azules que representan los dos ríos, el Nilo y el Éufrates, pretendidas fronteras del “Gran Israel”: proyecto talmúdico escatológico del jázaro Netanyahu, de origen polaco y cuyo apellido original es Mileikowsky, cuyo padre fue colaborador de Jabotinsky, doctrinario del revisionismo sionista.
Los kurdos del noreste de Siria, aliados de Israel, se asientan en la cuenca del río Éufrates –el mayor río de Asia sudoccidental de 2 800 kilómetros– que nace en Turquía y atraviesa Siria e Irak. Mediante la anexión de la región drusa siria de las Alturas del Golán y su nueva penetración alrededor del Monte Hermon, Israel emplaza sus tropas a 10 kilómetros de Damasco [6], la capital siria, que su ministro de Finanzas Bezalel Smotrich exige invadir [7].
En plan bromista, en Líbano se maneja que Netanyahu se dispone a colocar una tercera franja azul en su bandera, franja que representaría el río Litani, todavía bajo control de Hezbollah.
[1] «El corredor India-Europa respaldado por Estados Unidos que quiere rivalizar con la Nueva Ruta de la Seda de China», Nikhil Inamdar, BBC News, 4 de octubre de 2023.
[2] “International North-South Transport Corridor (INSTC)”, Piyush Shukla, Adda247, 2 de agosto de 2022.
[3] “David’s Corridor: The Hidden Axis Behind Israel’s Expansion into Syria and Iraq”, Times Headline, 18 de juliode 2025.
[4] “Kurdish Rojava region in northern Syria faces uncertain fate”, Christopher Phillips, Majalla, 28 de marzo de 2023.
[5] «¡Vienen 50 Días Trepidantes!: Caleidoscopio de las Balcanizaciones en Medio Oriente», Alfredo Jalife, YouTube, 15 de agosto de 2025.
[6] «Syrie: la dangereuse stratégie israélienne», Editorial, Le Monde (Francia), 18 de julio de 2025.
[7] “Smotrich: Israel’s future is ‘to expand to Damascus’”, Middle East Monitor, 13 de octubre de 2024.
Todo sigue un camino trazado minuciosamente que solo ellos saben cómo recorrerlo, con qué armas y esfuerzo. El tiempo no es como el que nosotros hemos inventado. Es eterno, sin ayer ni mañana. Donde todo es posible y existe siempre.
Marruecos cierra las aduanas de Ceuta y Melilla y aparece de nuevo con renovada fuerza el «Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla». En el recuerdo: La Marcha Verde, Perejil, el Sáhara. El Estrecho.
Annual y Alhucemas son una reciente historia que el Gobierno de España ha olvidado ofendiendo a todos los que regaron con su sangre aquellas tierras. El Gobierno del señor Sánchez es cobarde e ingrato, inmoral ante la historia que deshonra con cobarde desprecio. Tienen miedo a Marruecos. Así de simple.
¿Será algo personal? Una nación no debe asumir miedo, sino ser capaz de disuadir y defenderse. A día de hoy Marruecos militarmente no es enemigo declarado, sino invisible enemigo y amenazante amigo. Muy íntimo. Dispone de sutiles ardides, derivadas de la guerra, formas oscuras del combate. Presiona cuando quiere, como gusta y sin control.
Preocupa Marruecos. Es maestra en la guerra híbrida y es probable que ya la haya iniciado. Está a la vista. Su complejidad divide a la mismísima población española. Discusión innecesaria porque imparable sigue su proyecto sin plazos. Digamos una cosa o la contraria, la amenaza es palpable y cada vez más cercana. Entre acogida o invasión, tan parecidos, se mueven parámetros de todo tipo y sería irresponsable que los profesionales de la Defensa y seguridad no los analicen seriamente, sin buenismos ni catastrofismos, sin dejarse engañar, con la diplomacia adecuada y las armas preparadas. En tiempos de paz el hombre con responsabilidades sobre otros debe dormir con la proximidad de la espada. La guerra no deja de ser un lenguaje de la política. Para evitarla se despliega. No siempre da resultado, pero al menos se hace algo preventorio. Lo malo es cuando te invaden porque has dejado la puerta abierta. Y el vigilante les da paso.
Todo lo que ocurre está muy probablemente coordinado y son hilos de la misma madeja. Hoy será Torre Pacheco, mañana el desembarco de Alhucemas a la inversa, por Málaga o por Almería. De hecho está en marcha cada día. En silencio. Un entramado que la Policía y la Guardia Civil conocen bien, pero a los que nadie escucha. Las Fuerzas Armadas son conscientes, pero no hay coordinación entre todos los elementos y cada uno hace la guerra por su cuenta.
Pretender tratar esta compleja situación desde el buenismo político y electoral, el del cortoplacismo de la duración de una legislatura, es de una gravedad irresponsable; no se puede dejar de contemplar, también, como un ataque a España con uno de los procedimientos de guerra, híbrida, bien conocido y en muchas ocasiones ya sufrido en nuestra larga historia con el vecino del sur. Es obligado contemplar la hipótesis más peligrosa: la existencia de un movimiento subversivo bien organizado con poder económico detrás, incluso armado, contra la integridad territorial y desde luego contra la seguridad que exige al Gobierno el adecuado análisis y preparación para su tratamiento a través de las Fuerzas Armadas. Exigencia que contempla la Ley como de obligado cumplimiento. Las Fuerzas Armadas son las responsables de su estudio como amenaza y de su preparación para afrontarla. Suponemos que el planeamiento está hecho y actualizado cada día. Eso es seguro.
Además, al margen de la política del actual Gobierno, la responsabilidad de las FAS les obliga a estudiar las amenazas con prospectiva, por lo que pueda ocurrir en el ámbito de su misión principal: garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Cualquier amenaza a la misión principal debe estar estudiada con tiempo y al margen de la política temporal. Las cañas se convierten de un día para otro en lanzas.
Debería preocupar Marruecos y aún más cuando vemos su firme alianza con EEUU e Israel. España en estos momentos está sin aliados en lo militar. Estados Unidos ha roto con nosotros y ordenado a la Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, revisar urgentemente los acuerdos de intercambio de Inteligencia con España, base de cualquier Defensa, a la vez que los presidentes de las comisiones de inteligencia del Congreso y de la Cámara de Representantes piden a la Administración Trump que revise los acuerdos de intercambio de información. A Europa nada le preocupan Ceuta, Melilla, Peñones, y el Estrecho está en manos de Reino Unido, Marruecos y Estados Unidos. No somos fiables. Hay datos fehacientes que en caso de la más mínima escalada de inseguridad en el Estrecho todo el control pasará a manos del Reino Unido sin contar para nada con España.
No es de extrañar cualquier maniobra de presión de Marruecos sobre Ceuta, Melilla, Peñones, incluso Canarias, y que nuestro débil Gobierno acabe por compartir los deseos marroquíes y ceda a sus pretensiones. Máxime si el tema no está minuciosamente estudiado y preparada la respuesta.
A día de hoy Torre Pacheco ha sido una compleja maniobra de guerra híbrida. Al menos es necesario que el Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa, así lo contemple y estudie. Es una hipótesis que no debe olvidar y que, su estudio y respuesta, responde a su misión constitucional más allá de las baldías declaraciones de amistad y acogida. El momento nadie lo sabe. Por ahora ha sido un simple ejercicio táctico, pero debemos ser muy vigilantes.
Los «hombrecillos verdes» existen y, probablemente, están todos, repito, todos, controlados por la Dirección General de Estudios y Documentación de su nación. Están llamados a luchar cuando se les ordene.
¿O es que estamos ciegos, mudos y sordos? Las tácticas y procedimientos no se le escapan a ningún experto en estos movimientos subversivos. Todos responden a los mismos criterios de dirección, desde la kale borroka a los CDR. Todo ello está enlazado de manera evidente con movimientos relacionados con “Antifa”. El peligro sería nuestra ceguera o los indultos y amnistías que así se le llama ahora a la traición. Algo que deberían estudiar los jueces, igual que los militares con las tácticas y procedimientos. Si es que les dejan.
En suma, para conquistar Ceuta y Melilla, Marruecos no necesita carros de combate, sino primaveras árabes o intifadas que separen, de facto, el barrio del Príncipe o cualquiera otro en Ceuta. Un desastre permitido por nuestro gobierno y, como nos descuidemos, amparado por los EEUU. No sería la primera vez y esta está confirmada.
Igual que Perejil, hay por ahí un documental que lo explica de cabo a rabo, fue un “test” y tuvo su corolario en un atentado que cambió la historia de España. ¿Resulta aventurado pensar que Marruecos prepare acciones ante un hipotético cambio de gobierno en España que sentase en la Moncloa alguien al que no puedan extorsionar? ¿Alguien menos cercano a sus intereses? ¿Resulta aventurado, una vez que ya sabemos que en Torre Pacheco dominan las técnicas de bloqueo y emboscada, que pensasen ahora en una reedición de la Marcha Verde, esta vez en Ceuta o en Melilla?
La situación es de máxima gravedad.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
21 julio 2025
En 1991 creíamos que la caída del “Imperio estadounidense” sería similar al derrumbe de la URSS. Pero no será así. Los aliados de Washington en el oeste de Europa pretenden perpetuar el “Imperio estadounidense”, con su líder o sin él, a pesar de que el presidente Donald Trump parece decidido a abandonarlos en medio del camino.
Después de haber desvinculado a Estados Unidos de los sionistas revisionistas que hoy acaparan el poder en Israel, el presidente Trump ahora desvincula a su país de la OTAN y de la Unión Europea, ya no quiere que su país mantenga su pasado estatus de “Imperio estadounidense”, ni que siga relacionándose con los nacionalistas integristas ucranianos.
Después de haber desvinculado a Estados Unidos de Israel [1], Donald Trump ha comenzado también a desvincular a su país de la Unión Europea. Como lo hizo antes con Israel, Trump dio inicialmente la impresión de que daba carta blanca a los países miembros de la Unión Europea y al Reino Unido, pero después comenzó a cortar el cordón umbilical.
Tratemos de recordar la secuencia de acontecimientos: el presidente Trump dejó que los dirigentes occidentales se convencieran de que ellos podían luchar solos contra Rusia en Ucrania. En numerosas reuniones, en París, en Londres y en Kiev, los dirigentes de la Unión Europea y del Reino Unido trataron de hacer ver que garantizarían juntos la seguridad del continente ante el peligro de «invasión rusa». Planearon poner todos sus países bajo los “paraguas” nucleares de Francia y del Reino Unido, que habrían de reemplazar el “paraguas nuclear” estadounidense. Se plantearon incluso una guerra continental contra Rusia y una reorganización de las alianzas alrededor del Reino Unido, Francia, Alemania y Polonia.
Y después… nada. Estados Unidos suspendió su coordinación con la Unión Europea [2]. Washington ya no coordina con la UE las medidas coercitivas unilaterales –las llamadas “sanciones”– que se adoptan contra Rusia. El 17º paquete de “sanciones” de la Unión Europea contra Rusia fue el último coordinado con Washington. El 18º, la Unión Europea lo adoptaría sola y los dirigentes europeos anuncian que será de proporciones nunca vistas… pero, sin Estados Unidos, ya está condenado al fracaso.
En el seno del Consejo de Europa [no confundir con el Consejo Europeo de la UE], Estados Unidos asistió como observador a la preparación de un «tribunal penal internacional para juzgar los crímenes rusos en Ucrania», pero se ha mantenido al margen [3]. Para Estados Unidos, la creación de ese “tribunal” simplemente carece de sentido –los tribunales penales de Nuremberg y de Tokio se crearon al calor de la victoria sobre el nazismo, mientras que el “tribunal” que el Consejo de Europa pretende crear anticipa un triunfo altamente hipotético de los nacionalistas integristas ucranianos, colaboradores de los nazis, frente a Rusia. Además, ese “tribunal” no cuenta con el aval de las Naciones Unidas y no tiene la menor posibilidad de obtenerlo dado el hecho que Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Hoy por hoy, el Reino Unido y la Unión Europea tendrían que aceptar lo que ya es evidente. No cuentan con los medios militares que necesitarían para aplicar su política. Se han encerrado en sus propias contradicciones, denunciando los daños colaterales que la operación militar especial rusa provoca en Ucrania… pero guardan silencio sobre los daños “colaterales”, visiblemente mucho más importantes y graves, que el ejército de Israel provoca cotidianamente en la franja de Gaza, con la supuesta “guerra” israelí contra el Hamas. Los dirigentes europeos han acabado alejándose por sí mismos de la administración Trump, a la que no toman en serio.
Los dirigentes europeos todavía cuentan con un arma: la confiscación de los fondos rusos que ya han congelado. Esos fondos les permitirían asumir la reconstrucción de Ucrania sin tener que pagarla ellos mismos. Pero, confiscar los fondos de un Estado invocando motivos políticos es una violación flagrante del derecho a la propiedad y sería una decisión irreversible. Una decisión de esa envergadura sólo podría justificarse en tiempo de guerra y tomándola contra un enemigo. Confiscar los fondos rusos equivaldría a declarar la guerra contra un enemigo que ya ha demostrado ser varias veces más poderoso que el Reino Unido y todos los Estados de la UE juntos.
Además del simple hecho que los ejércitos de todos esos Estados no aguantarían 2 días de guerra contra Rusia, la Unión Europea se convertiría en una especie de espantapájaros para sus socios actuales, en todo el mundo, que se plantearían justificadamente la siguiente interrogante: Si la Unión Europea decide confiscar los fondos rusos, ¿qué le impediría en el futuro confiscar también los fondos de cualquier Estado que no condene a Rusia?

Es esencial que entendamos bien lo que está sucediendo. El presidente Donald Trump exigió que todos los países miembros de la OTAN dediquen a su presupuesto militar un 5% de su PIB. Por tratarse de una meta imposible de alcanzar –exigiría el doble de los gastos militares actuales– era previsible que Estados Unidos abandonara el mando integrado de la OTAN. Simultáneamente, el presidente Trump declaraba repetidamente que la Unión Europea se creó para perjudicar a Estados Unidos, cuando en realidad la UE es la vitrina civil del “Imperio estadounidense”, cuya estructura militar es la OTAN. Ahora, cuando ya ha comprobado que el Reino Unido y la Unión Europea son incapaces de cuestionar el “Imperio estadounidense”, que sus dirigentes siguen siendo dependientes del “Imperio estadounidense” –en detrimento de sus conciudadanos europeos– y que se niegan a ser libres e independientes, Washington corta las amarras entre Estados Unidos y la UE, así como con el Reino Unido.
Observen ustedes que Donald Trump no agrede a los europeos occidentales, sólo los deja a la deriva en la búsqueda de una quimera.
Para aquellos que, como yo mismo, preveían la disolución de la OTAN y de la Unión Europea, como algo similar a lo que pudimos ver cuando se disolvió la Unión Soviética, esto es un paso hacia delante. Pero para los súbditos británicos y los ciudadanos de la Unión Europea es una catástrofe. En los próximos meses asistiremos a la reconciliación entre Estados Unidos y Rusia. Todos los principios básicos sobre los que se organizó el modo de pensar en Europa occidental y Reino Unido se irán a la basura. Para los pueblos de Occidente ha llegado el momento de reemplazar a sus élites y de modificar la organización de sus sociedades. Y no están preparados para eso.
En 1991 imaginábamos la disolución del “Imperio estadounidense” como un proceso similar al que se había producido en la URSS. Pero hoy puede verse que lo que el presidente Donald Trump tiene en mente es algo completamente distinto. Como Mijaíl Gorbachov, Donald Trump quiere que su país vuelva a sus principios fundamentales (Make America Great Again!), pero son sus aliados europeos quienes pretenden prolongar el imperio yanqui.
En Bruselas, la administración de la Unión Europea sigue sin aceptar al cowboy Donald Trump. La UE abriga la esperanza de que Trump sea asesinado en poco tiempo, de que pierda las elecciones mid-term (las elecciones legislativas que tienen lugar a la mitad del mandato presidencial) o que de alguna manera se vea obligado a regresar a la “normalidad”.
Podría decirse incluso que, de cierta manera, lo que ahora está en juego es el fin de la guerra fría, como cuando las redes stay-behind de la OTAN quitaban y ponían gobiernos en el poder en los países de Europa occidental. Los dirigentes de la Unión Europea, empezando por la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, y por la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la estonia Kaja Kallas, son productos directos de operaciones secretas como aquellas. Son hijos del “Imperio estadounidense” y pretenden mantenerlo, incluso en contra de la voluntad de Washington.
FUENTE: https://www.voltairenet.org/article222374.html
FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=6LCR5XQnB5g
El 11 de septiembre de 2001, tres rascacielos del mundialmente conocido World Trade Center de Nueva York se derrumbaron ante las cámaras del mundo entero en lo que fue presentado como una acción terrorista de envergadura nunca vista. La tesis oficial de la administración estadounidense atribuyó la operación a Osama ben Laden y la utilizó para justificar las invasiones contra Afganistán e Irak. Pero, en la tarde del mismo 11 de septiembre, sólo horas después de los hechos, el promotor inmobiliario Donald Trump ya señalaba que la destrucción del World Trade Center parecía más bien resultado de una demolición controlada. Seis meses después, el francés Thierry Meyssan publicaba su libro La gran impostura, donde desmentía la versión oficial de la administración de George W. Bush sobre lo sucedido el 11 de septiembre. Ahora, en 2025, un ex miembro de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, Curt Weldon acaba de revelar públicamente las presiones que ejerció sobre él la administración de George Bush hijo, sólo por haberse atrevido a preguntar demasiado.

Mucho de lo que reveló el ex legislador republicano Curt Weldon en su ya histórica entrevista con Tucker Carlson –el periodista de mayor rating en Estados Unidos y, de paso, uno de los principales confidentes de Trump, según James Carville, connotado consultor del partido demócrata, muy cercano a los Clinton–, era más que conocido con exposiciones dispersas. Pero no es lo mismo que lo haya revelado ahora en forma condensada, en un video de 1 hora 24 minutos de duración [1], el legendario Tucker Carlson, lo cual desmonta toda la propagandística mendacidad hollywoodense y el encubrimiento de los principales multimedia, quienes vuelven a exhibir su miseria desinformativa.
Cabe señalar que, desde el mismo Baby Bush, quien operó el montaje del 11/9, hasta todos los presidentes subsiguientes de Estados Unidos –Barack Obama y Joe Biden– ocultaron la verdad sobre este hecho, que sirvió de coartada para las guerras en Afganistán e Irak. El mismo Trump 1.0 fue disuadido en no develar lo que excelsos investigadores se atrevieron a revelar poniendo en riesgo sus vidas.
Pareciera que los gobiernos seudodemocráticos prefieren la mentira para poder gobernar con el fin de perpetrar sus malignos objetivos meta-presupuestales.

El investigador galo Thierry Meyssan, director de Red Voltaire y primer lugar en el top ten de los analistas geopolíticos globales, había expuesto en su clásico libro La Gran Impostura que nunca existió el atentado de un avión yihadista a las instalaciones del Pentágono –lo cual le valió tener que exiliarse en Líbano y Siria después de haber recibido amenazas de asesinato de parte de la CIA.
Algo que poco se sabe y que fue revelado por un servidor es que el montaje del atentado al Pentágono sirvió como pretexto para encubrir el faltante contable (de la confesión misma del entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld) de 2 300 millones de dólares que fueron mágicamente esfumados por el contralor y rabino jázaro –khazar en inglés– Dov Zakheim, miembro del siniestro grupo The Vulcans, dirigido por Condoleezza Condy Rice. No es lo mismo los magros faltantes del Pentágono en 2001 que los acumulados 19 años después cuando se han esfumado ¡35 000 millones! [2]
Igualmente, un servidor había señalado la asincronía del derrumbe de la tercera torre, demolida por la tarde, con las derribadas por la mañana Torres Gemelas [3]. Según Tucker Carlson, después de 20 años en el Congreso, Curt Weldon estaba a punto de convertirse en el jefe del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representante cuando puso en tela de juicio la precisión del reporte oficial sobre el 11/9.
Comenta Tucker Carlson que en represalia, la administración Bush envió agentes federales a la casa de la hija de Curt Weldon, que concluyó con su carrera política. Tucker Carlson expone que a sus 77 años el republicano Curt Weldon decidió decir la verdad sobre el 11/9 de 2001. Weldon fue legislador por Pennsylvania de 1987 a 2007 (¡20 años!) y fungió como vicepresidente del Comité de los Servicios Armados y del Comité de Seguridad Nacional, así que le tocó de primera mano enterarse de los intríngulis del 11/9 de 2001.
El connotado director y actor de cine Mel Gibson, nombrado embajador especial en Hollywood por Trump 2.0 –mismo puesto acreditado a los actores Jon Voight y Sylvester Stallone [4]– ya califica la entrevista como el mayor escándalo en la historia de Estados Unidos.
Tres edificios colapsaron [el 11 de septiembre de 2001] como si estuvieran programados para ello. No dos, sino tres. Hasta este día, nadie ha explicado cómo el edificio 3 se derrumbó aun sin que ningún avión lo golpeara. Mel Gibson revela que «las torres fueron diseñadas para soportar impactos de aviones. Los bomberos hablaron de explosiones dentro de los edificios».

Lo destacado es que Trump 2.0 hasta ahora haya guardado silencio sobre el explosivo video de Tucker Carlson y su entrevista con Curt Weldon cuando su primer círculo informativo y un ex legislador republicano lo han dado a conocer en el contexto de su guerra de las tarifas, que ahora se ha centrado contra China.
[1] “Rep. Curt Weldon: It’s Time to Finally Tell the Truth About 9-11”, The Tucker Carlson Show, 14 de abril de 2025.
[2] «¡Extravío de 35 millones de millones de dólares en el Pentágono: equivale al PIB de Estados Unidos y China juntos!», La Jornada (México), 19 de febrero de 2020.
[3] «11/9: Se tambalea la historieta oficial», La Jornada (México), 10 de septiembre de 2006.
[4] “Trump Names Sylvester Stallone, Mel Gibson and Jon Voight as ‘Special Ambassadors’ to ‘Troubled’ Hollywood: They’ll Bring ‘Lost Business’ Back”, Variety (Estados Unidos), 16 de enero de 2025.

Después de las recientes revelaciones del ex congresista estadounidense Curt Weldon sobre las presiones que la administración de George Bush hijo ejerció sobre él y su familia cuando se atrevió a señalar las incoherencias de la tesis oficial sobre los hechos del 11 de septiembre de 2001, ahora es el senador Ron Johnson quien también denuncia la fábula construida alrededor del derrumbe de las Torres Gemelas.
El senador Ron Johnson, quien ahora preside la comisión senatorial de seguridad nacional y asuntos gubernamentales y es una personalidad muy cercana al presidente Donald Trump desde que ambos se vincularon al Tea Party, resaltó el parecido entre el derrumbe de las Torres Gemelas del World Trade Center y las imágenes de cualquier demolición controlada.
El senador Ron Johnson aseguró que desde su nueva responsabilidad en la comisión senatorial ya mencionada y con la cooperación de la administración Trump, él espera aclarar lo sucedido durante los hechos del 11 de septiembre de 2001.
En la tarde del 11 de septiembre de 2001, solo horas después del derrumbe de las Torres Gemelas, el propio Donald Trump observó ante las cámaras de un canal de televisión de Nueva York que las imágenes de la catástrofe sugerían más bien que aquellos edificios habían colapsado como resultado de una demolición controlada.
VER VÍDEO:
https://www.voltairenet.org/IMG/mp4/benny_johnson_sur_x_senator_ron_johnson_drops_bombshell_tells_us.mp4
FUENTE: https://www.voltairenet.org/article222152.html
FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=gYutrqnmt78
FUENTE: https://www.youtube.com/live/aDFvHRJPAZU
FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=HAR6-UdeiC0&t=3s
La paz en Ucrania podría no ser la panacea. La causa del conflicto no es una supuesta voluntad expansionista de Rusia, aunque sea eso lo que afirma la propaganda atlantista, sino la existencia de problemas muy reales. Limitarse a reconocer modificaciones de fronteras no resuelve el problema de fondo.
La guerra en Ucrania es consecuencia de la expansión de la OTAN, que violó compromisos previos, y esa expansión amenaza directamente la seguridad de Rusia, país con fronteras tan extensas que se hace muy difícil defenderlas. Para extenderse hasta Ucrania, la OTAN apoyó grupos neonazis, que impusieron su ley en ese país. A ese problema básico se agrega el resurgimiento de un presunto “conflicto de civilizaciones” entre los valores europeos y los valores de los pueblos de Asia.
No habrá una paz verdadera mientras las potencias occidentales no respeten los compromisos que ya han contraído y los que pudieran contraer en el futuro.
Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladimir Putin, iniciaron oficialmente los contactos para negociar el fin de la guerra en Ucrania. Sin importar las eventuales soluciones territoriales, lo cierto es que éstas no resolverán todo el conjunto del contencioso y este persistirá probablemente más allá de un regreso a la paz.
Tres problemas diferentes se superponen en el conflicto ucraniano:
Cuando los alemanes de la República Democrática Alemana (RDA) echaron abajo, por voluntad propia, el muro de Berlín –el 9 de noviembre de 1989–, aquel hecho imprevisto tomó por sorpresa a las potencias occidentales y estas se apresuraron a negociar el fin de las dos Alemanias. Durante todo el año 1990 se planteó la interrogante de saber si con la reunificación de Alemania el territorio de Alemania del este se convertiría o no en “territorio de la OTAN”.
En 1949, cuando se firmó el Tratado del Atlántico Norte, que constituyó la OTAN, la alianza atlántica no protegía ciertos territorios de algunos de los países firmantes. Por ejemplo, las posesiones francesas del Pacífico (las islas de La Reunión, Mayotte, Wallis y Futuna, la Polinesia francesa y Nueva Caledonia) no son territorios protegidos por la OTAN. Existía, por consiguiente, la posibilidad de que, en la Alemania reunificada, la OTAN no tuviese derecho a desplegarse en el este de Alemania.
Esta cuestión es altamente importante para los Estados de Europa central y de Europa oriental que fueron agredidos por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Para las poblaciones de aquellos Estados, ver nuevos despliegues de armamento sofisticado en sus fronteras era muy inquietante, sobre todo para Rusia, cuyos 6 600 kilómetros de fronteras son extremadamente difíciles de defender precisamente debido a su extensión.
En la cumbre de Malta, realizada el 2 y el 3 de diciembre de 1989 entre el presidente estadounidense George Bush padre y el presidente soviético Mijaíl Gorbachov, Estados Unidos recalcó que no había participado en la eliminación del muro de Berlín y que no tenía intenciones de intervenir contra la URSS.
En aquella época, el ministro de Exteriores de Alemania occidental, Hans-Dietrich Genscher, declaró que «los cambios en Europa del Este y el proceso de unificación de Alemania no debían conducir a una “violación contra los intereses de seguridad soviéticos”. Por consiguiente, la OTAN debería excluir una “expansión de su territorio hacia el este, o sea un acercamiento hacia las fronteras soviéticas”». [1]
Las tres potencias aliadas ocupantes en Alemania (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) multiplicaron entonces las promesas en cuanto a no extender la OTAN hacia el este. El Tratado de Moscú –firmado el 12 de septiembre de 1990– implica que la Alemania reunificada no reclamaría territorios en Polonia y que no habría bases de la OTAN en Alemania del este [2].

Pero los rusos descubrieron que el subsecretario de Estado, Richard Holbrooke, ya estaba viajando por toda Europa para preparar la incorporación de los antiguos miembros del disuelto Pacto de Varsovia a la OTAN.
El presidente ruso, Boris Yeltsin, amonestó entonces a su homólogo estadounidense, Bill Clinton, en la Cumbre de Budapest, el 5 de diciembre de 1994, de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE). El dirigente ruso declaró en aquella cumbre: «Nuestra actitud frente a los planes de ampliación de la OTAN, y sobre todo ante la posibilidad de que las infraestructuras avancen hacia el este, sigue siendo y será invariablemente negativa. Los argumentos del tipo: la ampliación no está dirigida contra ningún Estado y constituye un paso hacia la creación de una Europa unificada, no resisten la crítica. Se trata de una decisión cuyas consecuencias determinarán la configuración europea para los años venideros. Puede conducir [esa decisión] a un deslizamiento hacia la deterioración de la confianza entre Rusia y los países occidentales. (…) La OTAN fue creada en tiempos de la guerra fría. Hoy, no sin dificultades, [la OTAN] busca su lugar en la Europa nueva. Es importante que eso no cree dos zonas de demarcación, sino que al contrario, consolide la unidad europea. Ese objetivo, para nosotros, está en contradicción con los planes de expansión de la OTAN. ¿Por qué sembrar las semillas de la desconfianza? Después de todo, ya no somos enemigos. Ahora todos somos socios. El año 1995 marca el 50º aniversario de la Segunda Guerra Mundial. Medio siglo después estamos cada vez más conscientes de la verdadera significación de la Gran Victoria y de la necesidad de una reconciliación histórica en Europa. Ya no debe haber adversarios, vencedores ni vencidos. Por primera vez en su historia, nuestro continente tiene una posibilidad real de hallar la unidad. Dejarla pasar, es olvidar las lecciones del pasado y poner en peligro el futuro mismo.»
¿Cuál fue la respuesta del presidente estadounidense Bill Clinton? «La OTAN no excluirá automáticamente ninguna nación de la adhesión. (…) Al mismo tiempo, ningún país exterior estará autorizado a vetar la expansión.» [3]
En aquella cumbre se firmaron 3 memorándums, incluyendo uno con la Ucrania independiente. A cambio de su desnuclearización, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos se comprometían a abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania.
Sin embargo, durante las guerras contra Yugoslavia, Alemania intervino como miembro de la OTAN, entrenó elementos armados kosovares en la base de la OTAN en Incirlik (Turquía) y posteriormente desplegó militares alemanes en el terreno.
En la cumbre de la OTAN realizada en Madrid el 8 y el 9 de julio de 1997, los jefes de Estado y de gobierno de la alianza atlántica anunciaron la preparación de las adhesiones de Chequia, Hungría y Polonia, y también se planteaban las de Eslovenia y Rumania.
Consciente de que no puede impedir que los Estados soberanos se incorporen a la alianza, pero a la vez inquieta ante las consecuencias para su propia seguridad, Rusia actúa en el seno de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE). En la cumbre de Estambul, el 18 y el 19 de noviembre de 1999, Rusia logra que se adopte una declaración que establece simultáneamente el principio de la libre adhesión de cualquier Estado soberano a la alianza de su elección y el principio que plantea que los Estados no deben adoptar medidas de seguridad en detrimento de la seguridad de sus vecinos.
En 2014, Estados Unidos organiza una “revolución de color” en Ucrania. Derroca al presidente ucraniano democráticamente electo –que quería mantener el país a medio camino entre Estados Unidos y Rusia– e instala en Kiev un régimen neonazi públicamente agresivo contra Rusia.
En 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania se habían incorporado a la OTAN. En 2009, lo habían hecho Albania y Croacia. En 2017 también se incorporaba Montenegro y en 2020 Macedonia del Norte. Más recientemente, en 2023 y 2024, se incorporaron Finlandia y Suecia. En pocas palabras, Occidente violó todas sus promesas.
Para una mejor comprensión de cómo se llegó a la situación actual, es necesario saber también qué pensaba Estados Unidos.
En 1997, el ex consejero de seguridad del presidente James Carter, el estadounidense de origen polaco Zbigniew Brzezinski, publicaba su libro The Grand Chessboard [“El gran tablero”], donde diserta sobre la “geopolítica” pero en el sentido original del término. O sea, el tema de su libro no es la influencia de los factores geográficos sobre la política internacional. Es más bien un plan de dominación global.
Según Zbigniew Brzezinski, Estados Unidos puede seguir siendo la primera potencia mundial aliándose a los europeos y aislando a Rusia. Aunque sin llegar a darles la razón, este demócrata, entonces ya jubilado, ofrece a los seguidores de las ideas de Leo Strauss una estrategia para mantener “los rusos” a raya. Brzezinski apoya la cooperación con la Unión Europea mientras que los straussianos quieren frenar el desarrollo de la UE, según la doctrina de Paul Wolfowitz. En todo caso, Zbigniew Brzezinski llega a convertirse en consejero del presidente Barack Obama.

Al inicio de la operación militar especial del ejército ruso en Ucrania, el presidente ruso Vladimir Putin declara que el primer objetivo es desnazificar el país. Las potencias occidentales optan entonces por fingir que no conocían el problema y acusan a Rusia de exagerar algunos hechos marginales, hechos que en realidad ya se observaban a gran escala durante toda una década.
El hecho es que los dos geopolíticos estadounidenses rivales, Paul Wolfowitz y Zbigniew Brzezinski, habían establecido una alianza con los nacionalistas integristas ucranianos –o sea, con los discípulos del filósofo Dimitro Dontsov y los seguidores del nazi ucraniano Stepan Bandera [4]– durante una conferencia organizada en Washington, en el año 2000. El Departamento de Defensa de Estados Unidos ya contaba con esa alianza en 2001, cuando trasladó a Ucrania sus investigaciones sobre la guerra biológica, lo cual se hizo bajo la supervisión del Dr. Antony Fauci, en aquella época consejero de salud de Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa del presidente George Bush hijo. Fue también contando con esa alianza que el Departamento de Estado estadounidense apostó, en 2014, por la “revolución de color” denominada “EuroMaidan”.
Los presidentes ucranianos, Petro Porochenko y Volodimir Zelenski, permitieron la aparición en toda Ucrania de memoriales y monumentos en homenaje a los colaboradores ucranianos del III Reich. Tanto Porochenko como Zelenski, a pesar de ser los dos de origen judío, permitieron que la ideología de Dimitro Dontsov fuera elevada al rango de referencia histórica. Por ejemplo, la población ucraniana cree ahora que la gran hambruna de 1932-1933, durante la cual murieron entre 2,5 millones y 5 millones de personas, fue provocada deliberadamente por los rusos para exterminar a los ucranianos, una falacia que no resiste el análisis histórico serio [5], sobre todo si tenemos en cuenta que aquella hambruna asoló también muchas otras regiones de la Unión Soviética. A pesar de todo, basándose en esa mentira, Kiev ha logrado hacer creer a la población que Rusia quería invadir Ucrania. Es también agitando esa mentira que varias decenas de países, como Francia [6] y Alemania [7], han adoptado leyes o resoluciones que convierten esa propaganda en una “verdad incuestionable”.
La nazificación es más extensa de lo que puede parecer. Con la implicación de la OTAN en Ucrania, el conflicto se ha convertido en una guerra por procuración de Occidente contra Rusia. Eso ha permitido a la Orden Centuria –la sociedad secreta de los nacionalistas integristas ucranianos– ganar adeptos en los ejércitos de ciertos países de la OTAN. En el caso de Francia, la Orden Centuria ya está presente en el seno de la Gendarmería Nacional, que, dicho sea de paso, nunca hizo público su informe sobre la masacre atribuida al ejército ruso en la localidad ucraniana de Butcha.
Occidente ve erróneamente a los nazis como criminales que masacraban sobre todo a los judíos. Eso es absolutamente falso. Las principales víctimas de los nazis fueron los pueblos eslavos. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis asesinaron grandes cantidades de personas, inicialmente a tiros y después, a partir de 1942, en campos de concentración. Los civiles eslavos víctimas de la ideología racista de los nazis fueron mucho más numerosos que las víctimas judías –que sumaron alrededor de 6 millones si se agregan los judíos asesinados a tiros a los asesinados en los campos de concentración. En todo caso, muchas víctimas eran judíos eslavos y se contabilizan en los dos balances. Después de las masacres de 1940 y 1941, alrededor de 18 millones de personas de todas las categorías étnicas y nacionalidades fueron internadas en los campos de concentración, y al menos 11 millones fueron asesinadas allí –sólo en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau murieron 1 100 000 personas [8].
Después del periodo de la revolución bolchevique y la guerra civil estimulada desde el exterior, la Unión Soviética recuperó la unidad en 1941, cuando Josef Stalin se alió con la iglesia ortodoxa y puso fin a las masacres y las purgas para enfrentar la invasión nazi. La subsiguiente victoria sobre la ideología racial del nazismo es el elemento que consolida la Rusia de hoy. El pueblo ruso se considera el principal enemigo del racismo.
El tercer tema de discordia entre Occidente y Rusia surgió no antes sino durante la actual guerra en Ucrania. Las potencias occidentales adoptaron una serie de medidas contra lo que Rusia simbolizaba. Ciertamente se tomaron medidas coercitivas unilaterales –injustamente denominadas “sanciones”– a nivel de gobiernos. Pero también se tomaron medidas discriminatorias al nivel de los ciudadanos. En Estados Unidos, numerosos restaurantes excluyeron a los rusos y en Europa se anularon espectáculos rusos.
Simbólicamente, se ha aceptado en Occidente la idea de que Rusia no es europea sino asiática, aunque en realidad es ambas cosas. Incluso se ha repensado la dicotomía de la guerra fría, que oponía el “mundo libre” –capitalista y creyente– al espectro totalitario –socialista y ateo–, y se ha inventado una supuesta oposición entre los valores occidentales –esencialmente individualistas– y los de Asia –comunitarios.
Tras ese deslizamiento, resurgen las ideologías basadas en la raza. Hace 3 años, yo indicaba en este mismo sitio web que el 1619 Project del New York Times y la retórica woke del presidente estadounidense Joe Biden en realidad eran una reformulación invertida del racismo [9]. Hoy observo que el présidente Donald Trump hace el mismo análisis y que ha anulado sistemáticamente todas las innovaciones woke que había introducido su predecesor. Pero el mal ya está hecho: el mes pasado la reacción de Occidente ante la aparición de DeepSeek consistió en negar que los chinos hayan podido inventar esa herramienta de inteligencia artificial y afirmar que sólo han podido copiarla. Algunas entidades gubernamentales occidentales incluso han prohibido a sus empleados utilizar DeepSeek, lo cual es de hecho una manera de hacer que la gente crea en la existencia de un “peligro amarillo”.

Las negociaciones sobre Ucrania parecen dirigirse a lo que es directamente palpable para la opinión pública: las fronteras. Pero las fronteras no son lo más importante. En aras de vivir juntos tenemos que evitar amenazar la seguridad de los demás y reconocerlos como nuestros iguales. Eso es mucho más difícil y no depende sólo de nuestros gobiernos.
Desde un punto de vista ruso, el origen intelectual de los 3 problemas aquí analizados reside en el hecho que los anglosajones rechazan el derecho internacional [10]. Antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill acordaron en la cumbre del Atlántico que, después de su victoria común, impondrían su propia ley al resto del mundo. Bajo la presión de la URSS y de Francia, los anglosajones aceptaron los estatutos de la ONU… pero los violaron constantemente, obligando con ello a Rusia a boicotear la organización cuando negaron a China el puesto que le correspondía en ella. El ejemplo más evidente de la duplicidad occidental es el Estado de Israel, que pisotea un centenar de resoluciones de la Asamblea General de la ONU, del Consejo de Seguridad y de la Corte de Internacional de Justicia (CIJ).
Es por eso que, el 17 de diciembre de 2021, cuando todo el mundo veía aproximarse la guerra en Ucrania, el gobierno de Rusia propuso al gobierno de Estados Unidos [11] evitar el conflicto con la firma de un tratado bilateral que aportaba a todos garantías de paz [12].
La idea de aquel texto era, ni mas ni menos, que Estados Unidos renunciara al «mundo basado en reglas» y se alineara del lado del Derecho Internacional. Ese derecho, concebido por rusos y franceses justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, consiste simplemente en respetar la palabra dada ante los ojos de la opinión pública.